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Tolerancia
versus terrorismo. La nueva disyuntiva de la política internacional
Adolfo Constenla Arguedas
aconsgall@yahoo.com
Quincena 1, Julio del 2002
Los
acontecimientos ocurridos a partir del 11 de setiembre del año 2001 han
conducido a un cambio radical en la óptica de la política internacional.
A
partir de los trágicos hechos que se dieron en esa fecha, hay una nueva
perspectiva en cuanto a las medidas de seguridad y a los mecanismos para
combatir las amenazas de terrorismo, en el ámbito mundial. Lo anterior
ha llevado a la creación de nuevas alianzas políticas, tanto a lo
interno de las naciones como entre Estados, que persiguen la
reactivación de esfuerzos para combatir los actos terroristas, y a la
toma de conciencia de que la lucha ante las fuerzas que atentan contra
el desarrollo democrático de los pueblos debe ser responsabilidad de
toda la comunidad internacional.
Sin
embargo, en cierta medida, la nueva "weltpolitik" o realidad política
mundial ha dejado de lado el respeto a uno de los pilares básicos de la
democracia: la tolerancia frente a los demás.
Las
más recientes imágenes de la situación en el Cercano Oriente, las
declaraciones de algunos dirigentes europeos en contra de los
inmigrantes o la creciente popularidad de grupos políticos excluyentes y
xenófobos, en la Unión Europea, conducen a replantear las políticas por
seguir para no incurrir en situaciones abiertamente contrarias a la
protección de los Derechos Humanos. En relación con este aspecto,
organizaciones que velan por su protección a nivel internacional, tales
como Amnistía Internacional, la Cruz Roja Internacional o la Media Luna
Roja; han manifestado su preocupación por el aumento de ciertas
prácticas contrarias al respeto de las condiciones mínimas para el
desarrollo de los individuos.
El
surgimiento de situaciones de peligro para la estabilidad de las
naciones ha llevado, en ciertos puntos, a la utilización excesiva de la
fuerza con el fin de acabar con las amenazas presentes. Casos como las
masacres ocurridas en el Cercano Oriente, que han costado vidas tanto
israelíes como palestinas, declaraciones como las emitidas por uno de
los principales colaboradores del gobierno italiano, en torno a la
posibilidad de atacar a los barcos con inmigrantes que lleguen a las
costas del país, con el fin de desmotivar la inmigración, o el apoyo
creciente en ciertos países europeos a movimientos políticos de conocida
filiación xenófoba deben hacer reflexionar sobre el respeto a la
dignidad humana, como condición esencial para el desarrollo de los
pueblos.
Es por
esto que resulta necesario reconocer el esfuerzo que realizan diversas
naciones, independientemente de sus diferencias culturales, lingüísticas
o de desarrollo político y jurídico, al crear instituciones como la
Corte Penal Internacional u otros foros judiciales o políticos, con el
fin de implantar las normas jurídicas y los procedimientos
correspondientes para sancionar, severamente, los atentados a la paz y a
la democracia.
En
relación con este asunto, no debemos olvidar que la mejor forma de
defender la democracia es mediante la puesta en práctica de mecanismos
de resolución pacífica de conflictos, es decir, acudir a la ciencia
jurídica como el medio, más civilizado, para dirimir disputas.
Con la
creación de la Corte Penal Internacional, como nuevo órgano
internacional, independiente e imparcial, tanto el Derecho Internacional
Público, como la humanidad en general, han logrado desarrollar uno de
los mecanismos más importantes para erradicar la arbitrariedad y el
irrespeto a los Derechos Humanos. Consideramos que, en este sentido,
todas las naciones, que consideran la protección de los Derechos Humanos
como el norte por seguir para alcanzar el mayor desarrollo posible,
deben unir sus esfuerzos con el fin de fortalecer, al máximo, las
potestades conferidas a este nuevo órgano jurídico.
Cabe
por ello aplicar, en este tema en particular, el mismo pensamiento
expresado por el Presidente de los Estados Unidos de América, George
Walker Bush, al referirse al inicio de la batalla continua que debe
librar la comunidad internacional contra el terrorismo, por socavar las
bases de toda nación democrática. Sobre el particular, indicó el jefe
del Estado norteamericano que, en esa lucha, solamente existían dos
bandos: los que estaban a favor de la democracia y de los principios de
derecho y aquellos que estaban en contra de estos principios y apoyaban
las actividades terroristas como medio de implantar su visión de mundo a
los demás.
En el
caso de la entrada en funcionamiento de la Corte Penal Internacional,
debe seguirse la misma idea: o se está a favor de ella, es decir, a
favor de la paz, la tolerancia y la justicia como medios de resolver los
conflictos o, por el contrario, se está en favor de la fuerza y las
intervenciones militares como única forma de resolver las injusticias
que se cometan contra los individuos y sus derechos.
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