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Socialdemocracia,
¿especie en vías de extinción?
Adolfo Constenla Arguedas
aconsgall@yahoo.com
Quincena 2, Mayo del 2002
La
ideología socialdemócrata, desde sus orígenes, se caracterizó por
defender el estatismo, es decir, la participación del Estado
desempeñando un rol esencial dentro de la actividad económica. Otra
característica fundamental de este movimiento político lo constituía la
utilización de los ingresos del Estado para la creación de empleo o lo
que se conoce como el fomento del "gasto público".
A partir de los años ochenta y,
especialmente, en la década de los noventa, tal teoría fue desechada de
la práctica, por parte de la gran mayoría de los gobiernos mundiales, a
partir del ascenso al poder en los Estados Unidos de América del
republicano Ronald Reagan y, en Inglaterra, de la conservadora Margaret
Thatcher.
Surge entonces, con gran
fuerza, un movimiento, contrario a las ideas socialdemócratas, que
propugnaba la separación de las actividades estatales de las económicas,
la reducción del gasto público y la austeridad. Tal ideología,
catalogada como "neoliberalismo", por seguir los principios básicos de
la economía clásica, se impuso en gran número de gobiernos con
resultados dispares.
En esos años, las principales
actividades de los gobiernos tendieron a las privatizaciones de empresas
públicas, la reducción del gasto por parte del Estado y la puesta en
práctica de programas de desarrollo basados en una mayor participación
privada en las actividades de fomento.
En los noventa se produjo una
paulatina pérdida de poder de los gobiernos socialdemócratas. Puede
citarse como ejemplo, en América Latina, el caso de Costa Rica con dos
gobiernos contrarios a las ideas socialdemócratas y abiertamente
liberales. Lo mismo puede indicarse para Argentina, Venezuela o Perú.
Tal corriente política también
se consolida en varios de los países que conforman la Unión Europea; por
ejemplo, en España, Portugal e Italia en donde la decisión electoral
favoreció a las fuerzas de centro derecha sobre la socialdemocracia, en
los últimos tiempos.
A nivel europeo son ya pocos
los ejemplos de naciones gobernadas por fuerzas políticas de centro
izquierda, como son los casos de Inglaterra (con el Partido Laborista,
con Tony Blair a la cabeza) y de Alemania (con el Partido
Socialdemócrata, SPD, de Gerhard Schröeder). A pesar de ello, en este
último país, se van a celebrar elecciones en la segunda mitad de este
año y los analistas políticos prevén un posible cambio del poder en
favor de la centro derecha liderada por la Unión Demócrata Cristiana
(CDU) del ex Canciller Helmut Kohl.
Las causas de la crisis de la
socialdemocracia, a nivel europeo y latinoamericano, son consecuencia
del ataque constante, por parte de sus detractores, de las políticas
seguidas por esta ideología para lidiar con problemas tales como el
desempleo, la inseguridad, la participación de los ciudadanos en la toma
de decisiones y el déficit público, entre otros. En relación con este
aspecto cabe indicar que el cambio de las condiciones que rodean a una
especie hace que ella, si desea continuar viviendo, deba transformarse
ante las necesidades del nuevo entorno.
Esta máxima la demuestran las
teorías evolutivas. De igual forma ocurre con el hombre y sus
instituciones políticas. Por ser el hombre un "zoon politikon", "un
animal político", como lo definía Aristóteles, las ideas que dieron
origen a una determinada organización política deben variar conforme
transcurre el tiempo, ello con el fin de ajustar sus planteamientos a
las necesidades que van surgiendo en la sociedad.
Consciente de esta nueva
realidad, la socialdemocracia inglesa, consideramos, ha sido la que
mejor ha sabido reelaborar los postulados de una ideología que, desde
mediados del siglo XX, demostró ser un mecanismo político que permitió
conducir a varias naciones por la senda del desarrollo. En torno a este
tema es que cabe mencionar la obra del politólogo Anthony Giddens, mano
derecha del primer ministro Blair, quien mediante su libro "The Third
Way. The Renewal of Social Democracy" (La Tercera Vía. La renovación de
la Socialdemocracia) ha logrado establecer los parámetros para que este
movimiento se haya consolidado en Inglaterra como una fuerza política de
gran envergadura y capacidad.
Esta obra, de trascendental
importancia para aquellos que comparten la ideología socialdemócrata,
contiene los postulados característicos del nuevo rol que debe
desarrollar este movimiento en la actualidad. Entre éstos se mencionan
los siguientes: la promoción de la igualdad y de la libertad como
valores esenciales en una sociedad, el pluralismo político, el ejercicio
de los derechos personales sin olvidar sus correspondientes
responsabilidades, el valor de la ecología, la sociedad civil como un
partícipe activo en el desarrollo de las relaciones con los gobiernos,
etc.
La Tercera Vía propone, por lo
tanto, la idea de un Estado, ya no interventor y productor de los
servicios en favor de sus administrados, sino fiscalizador o contralor
de la realidad social, pero que fomenta la participación individual como
mecanismo para producir riqueza. La nueva concepción socialdemócrata
resulta, entonces, en una amalgama de principios (liberales y sociales)
que tienden al equilibrio y al mayor desarrollo de las sociedades. En
cierto sentido esto se asemeja a una empresa que establece directrices
de mando para sus empleados pero que, a la vez, fomenta en ellos el
despliegue de toda su creatividad para alcanzar la mayor eficiencia
posible.
Por ello es que cabe concluir
que el rumbo por seguir de la socialdemocracia internacional, para
recobrar el papel progresista que ha desempeñado a lo largo de su
existencia, debe ser el complementar la idea tradicional de un Estado
partícipe del orden social con un ajuste de sus postulados a las
necesidades actuales. Será ésta la tarea que deben realizar las
organizaciones políticas que siguen este movimiento si es que desean
continuar formando parte del ámbito político mundial y no pasar a ser
especies en vías de extinción.
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