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La
Asamblea Legislativa como nuevo centro del poder político en Costa Rica
Adolfo Constenla Arguedas
aconsgall@yahoo.com
Quincena 1, Mayo del 2002
El
cambio en las condiciones que rodean a una especie hacen que ella, si
desea continuar viviendo, deba transformarse ante las necesidades del
nuevo entorno. Esta máxima la demuestran las teorías evolutivas. De
igual forma ocurre con las organizaciones políticas. Las ideas que
dieron origen a una determinada organización deben variar conforme
transcurre el tiempo, ello con el fin de ajustar sus planteamientos a
las necesidades que van surgiendo en la sociedad.
Mediante el recientemente
concluido proceso de votación, el electorado costarricense ha decidido
otorgar un viraje radical al desarrollo democrático del país.
A partir de la inclusión de
diversas fuerzas, consolidadas contundentemente, en el ámbito del primer
poder de la República (Poder Legislativo), no debe extrañar que, en los
próximos años, el traslado de la responsabilidad de sacar adelante las
tareas que los ciudadanos han encomendado a sus gobernantes se centre,
especialmente, en la Asamblea Legislativa.
En este sentido es que
consideramos que la percepción popular que se tiene del Poder
Legislativo variará radicalmente. El hecho de considerar circunscrito su
papel, esencialmente, al ámbito de creador de normas jurídicas (así
contemplado como su primera atribución por el Artículo 121, inciso 1 de
nuestra Constitución Política) se verá enriquecido, enormemente, por
otra de las funciones que, de conformidad con la Norma Fundamental, debe
desempeñar ese cuerpo político: el control político de las actividades
desempeñadas por las dependencias oficiales.
La integración (fortalecimiento
del pluripartidismo) de dos fuerzas políticas más: una nueva, que
consigue un apoyo extraordinario del sentir popular (Partido Acción
Ciudadana), y otra, que se consolida de forma contundente dentro del
accionar político nacional (Movimiento Libertario) conducirá a un mayor
control del ejercicio político en ámbitos como la transparencia y el
desarrollo comedido de las funciones públicas. Aunado a esto, el hecho
de que la escogencia de la cabeza del Poder Ejecutivo tuviera que
dirimirse en una segunda ronda electoral, con un porcentaje de
abstencionismo de gran envergadura, hace prever el traslado de la
confianza del elector hacia el Poder Legislativo como conductor de la
política nacional.
Esta nueva realidad política
resulta representativa de las ansias de una mayor participación de los
ciudadanos para desempeñar un papel activo en la toma de decisiones.
Ello es reflejo de lo que se conoce como "voluntad del pueblo";
caracterizada por el gran pensador Alexis de Tocqueville en la siguiente
forma: “...la voluntad del pueblo consiste en que el habitante se liga a
cada uno de los intereses de su país como a los suyos mismos, se
glorifica de la gloria de la nación; en los éxitos que ella obtiene cree
reconocer su propia obra y se regocija de ellos...”
Por ello será en la Asamblea
Legislativa donde, muy probablemente, se dirimirá el futuro desarrollo
económico, político y social de nuestra sociedad. Allí se podrá observar
si las fracciones de los partidos tradicionales renuevan sus bríos
adaptándose a la nueva realidad política pluripartidista o, por el
contrario, tienden a ceder sus puestos a las nuevas organizaciones
políticas.
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