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¿Fin del
bipartidismo o fortalecimiento del pluripartidismo?
Adolfo Constenla Arguedas
aconsgall@yahoo.com
Quincena 1, Marzo del 2002
El
presente proceso de votaciones se caracterizará en la historia electoral
costarricense, no solamente por ser el primer proceso de esta índole del
siglo XXI, sino, y lo que es realmente importante, por el viraje
político que la ciudadanía decidió imprimirle a la política
costarricense.
No es
plena casualidad que el votante haya introducido, mediante el ejercicio
de su voluntad soberana, una cultura política que implica la existencia
de una gran cantidad de fuerzas políticas de gran envergadura en el
primer poder de la República.
El
cambio de escenario de las relaciones políticas en el nuevo mandato
presidencial conduce a que los representantes electos reconozcan que se
enfrentan a un panorama que, en nuestra historia democrática, no se ha
desarrollado con la misma intensidad en que como se ha dado en otras
latitudes de Occidente. Podríamos en este sentido indicar que nuestro
desarrollo democrático se ha alejado, en cierta medida, del esquema
tradicional americano de "bipartidismo" (tal y como ocurre en los
Estados Unidos de América) y se ha optado por la "europeización" en el
sentido de que se ha consolidado en nuestra cultura el "pluripartidismo"
como protagonista del devenir político.
Discrepo de la opinión de algunos analistas políticos en el sentido de
que en nuestro país, con esta elección, se ha puesto fin al
"bipartidismo". Este fenómeno ocurre cuando una nueva fuerza política
elimina o debilita completamente a las fuerzas políticas que existían
antes de ella. Un ejemplo de este fenómeno lo constituye el caso
ocurrido en las últimas elecciones presidenciales venezolanas, en las
que el Movimiento Bolivariano de Hugo Chaves desmoronó las estructuras
de los partidos tradicionales (el COPEI de centro-derecha y el Acción
Demócrata de centro-izquierda) y logró un triunfo contundente en las
urnas.
A
partir de la presente elección, en nuestro país las formaciones
políticas tradicionales no se desmoronan sino, que, al ámbito político
que ellas ocupaban, se integran (pluripartidariamente) dos fuerzas
políticas más: una nueva, que consigue un apoyo extraordinario del
sentir popular (Partido Acción Ciudadana), y otra que se consolida de
forma contundente dentro del accionar político nacional (Movimiento
Libertario); ambas pretenderán imprimir su sello dentro de la nueva
realidad nacional.
El
surgimiento y consolidación de esos nuevos espacios de acceso político
son resultado de la evolución en el pensamiento político y jurídico
nacional que ha impulsado el reconocimiento de situaciones tales como la
protección ambiental, de la libertad individual, del derecho de los
consumidores, de la participación de los individuos de forma directa en
los asuntos de gobierno, etc.
Este
nuevo panorama nos obliga a aceptar la existencia de una nueva forma de
hacer política que se verá reflejada en la formación de "coaliciones
pluripartidistas", con el fin de sacar adelante las tareas que los
ciudadanos han encomendado a sus gobernantes. En este sentido cabe
recordar que el cambio de las condiciones que rodean a una especie hacen
que ella, si desea continuar viviendo, deba transformarse ante las
necesidades del nuevo entorno.
Esta
máxima la demuestran las teorías evolutivas. De igual forma ocurre con
las organizaciones políticas. Las ideas que dieron origen a una
determinada organización política deben variar conforme transcurre el
tiempo, ello con el fin de ajustar sus planteamientos a las necesidades
que van surgiendo en la sociedad.
Ante
tal realidad, resultará conveniente tender la vista a la política
europea, que tiene un desarrollo consolidado en esta, si se quiere,
"particular" forma de gobernar mediante alianzas entre diversos grupos
políticos.
En
Europa existen numerosos ejemplos de países que han sabido llevar a
cabo, de forma exitosa, el gobierno a partir del reconocimiento del
pluripartidismo y de las alianzas entre diferentes facciones políticas.
Ejemplos claros de ello pueden ser Alemania, con un gobierno que está
constituido por la centro-izquierda (Partido Socialdemócrata: S.P.D del
canciller Gerhard Schröeder) junto con el Partido Verde; Italia, con un
gobierno formado por Forza Italia (partido del primer ministro Silvio
Berlusconi) junto con miembros de la Liga Lombarda de Humberto Bossi;
España, donde, a pesar de que actualmente el partido en el poder
(Partido Popular, de centro-derecha) cuenta con mayoría parlamentaria,
nunca se deja de reconocer la importancia del papel que desempeña, en la
labor gubernamental, Convergencia i Unió (Convergencia y Unión), partido
que representa a la región nororiental de Cataluña.
De
igual forma, en América, podemos encontrar la existencia de coaliciones
gubernamentales que han logrado desarrollar un proyecto de gobierno
acorde con las necesidades nacionales como es el caso de Chile, donde
tanto el oficialismo como la oposición se encuentran constituidos por
una serie de alianzas entre diversos grupos políticos.
A
partir del análisis del nuevo panorama político costarricense, no debe
extrañar ni incomodar a la opinión pública la formación de alianzas a
nivel legislativo y, eventualmente, en el Poder Ejecutivo (ministerios)
o en instituciones estatales (presidencias ejecutivas) de coaliciones
que tiendan a buscar un mayor control del ejercicio de las actividades
públicas y de la gobernabilidad. En este sentido no debe olvidarse que
la política, tal y como lo indica Ernest Baker, en su obra "Greek
Political Theory" (Teoría Política Griega), utilizando el pensamiento
aristotélico, es "el arte del buen gobernar, es la guía del legislador y
del hombre de Estado para mejorar y preservar el Estado que ha sido
confiado a su cargo..."
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