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En los últimos años, se ha hecho evidente el deterioro de nuestro sistema político como forma de garantizar la democracia. Un nuevo sentimiento en la población costarricense ha brotado, y clama por una mayor participación en el quehacer político y en la toma de decisiones. Por otro lado, a los gobiernos de turno, se les ha dificultado mucho articular un gobierno efectivo y eficiente. Términos como "ingobernabilidad" se han hecho frecuentes.
Estos síntomas no revelan otra cosa, que el agotamiento efectivo de nuestro sistema político, donde por un lado, el ejercicio del poder en una forma ordenada y efectiva, se ha hecho prácticamente imposible, y por el otro, la sociedad civil clama por mayor participación y por actores con mayor liderazgo para la toma de decisiones.
La pregunta es: ¿Son los políticos, la sociedad civil y su "visión" del ejercicio del quehacer público; o es realmente el sistema político el que está fallando?
La respuesta no es fácil. En mi opinión, son varios los aspectos pertinentes en este tema, en el que todos, de una ú otra manera, somos culpables del deterioro de nuestro sistema y la falta de legitimidad de nuestras instituciones.
Partidos políticos. Un error de los partidos políticos, (sobre todo de los mayoritarios) es primero que nada, el no ser consecuentes con su ideología (socialdemocracia y socialcristianismo, en nuestro caso). Han pasado de ser partidos ideológicos de estudio, a lo que se denomina en ciencia política, partidos de votantes, o más literalmente "atrapa-todo", con programas de gobierno ambiguos, vagos y generales, en donde el marco "ideológico" se abre tanto, para tratar de capturar a la mayor cantidad de votantes, que ese marco desaparece, quedando ideológicamente a la deriva. Por eso no me extraña que nuestro presidente, sea quien sea, a los seis meses de haber ganado la elección nacional, se muestre en las encuestas con un índice de popularidad negativo, primero que nada, porque no puede cumplir con todas las promesas que hizo, segundo, porque con las decisiones que toma, no puede quedar bien con todos los sectores (cosa que es normal, pero en campaña, no lo planteó así), y tercero, porque no tiene en los votantes un verdadero respaldo ideológico, ya que los mismos no votaron por una ideología, sino por promesas, lo que da como resultado un apoyo popular efímero. Caso contrario sucede por ejemplo en España, donde el Partido Popular (derecha), el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) (centro izquierda) e Izquierda Unida (izquierda) tienen electores que se definen por su afinidad ideológica, y atraen a más electores argumentando el por qué de su ideología y aplicación, y no prostituyéndose políticamente.
En el caso nuestro, la poca formación y falta de capacitación de los partidos hacia sus juventudes (que son el motor y el futuro de los mismos) han influido considerablemente en su descrédito.
Régimen Parlamentario. Por la coyuntura actual de nuestro sistema político, el hecho de que sea prácticamente imposible que un solo partido llegue a alcanzar una mayoría calificada, da pie a que la Asamblea Legislativa prácticamente se paralice y vote solamente asuntos intrascendentes.
Soy fiel partidario de la instauración de un régimen parlamentario, en vez del estático régimen presidencial, ya que en un régimen parlamentario es necesaria una coalición entre partidos. Es como un acuerdo obligatorio previo entre dos o más partidos políticos para gobernar. El presidente, sale del parlamento y nombra a los ministros, que son generalmente también miembros del parlamento, pero no necesariamente del mismo partido político. El gobierno es un cuerpo colectivo, a diferencia del sistema presidencial, donde no existe este carácter. Es más fácil gobernar, ya que el presidente, se garantiza una mayoría parlamentaria por coalición. Además, me parece totalmente lógico que partidos "perdedores" pero con gran cantidad de votantes, como lo es hoy el PLN, y lo fue el PUSC en las elecciones pasadas, tengan derecho a formar parte del gobierno. Junto con esta gran reforma, me parece que sería pertinente permitir que los diputados puedan volverse a elegir en períodos consecutivos (por lo menos dos períodos), y no en períodos intermedios como lo es hoy en día. Esto permitiría que los buenos diputados, o aquellos que los votantes crean que lo son, puedan volver a ser electos en períodos consecutivos. Se torna, por lo tanto necesario, implementar, aquello que se le ha llamado la "carrera parlamentaria".
Reelección Presidencial. Es muy sano, que en el país se volviera a reactivar el debate acerca de la reelección presidencial, y sería pertinente permitirla, para un período más, no consecutivo, en vista de que hay ex- presidentes de comprobada aptitud y liderazgo, y posiblemente habrá otros en el futuro, (hoy precandidatos) con las mismas cualidades. Me parece que si los costarricenses creen que un ex- mandatario es apto para volver a gobernar, se debería respetar la voluntad popular, e implementar la reforma, obviamente, en cede legislativa, que en buena teoría del estado, es la competente para implementar dicha reforma.
Es falaz el argumento de que los ex-mandatarios nuevamente electos, se querrían "perpetuar en el poder". La reelección se plasmaría puntual y claramente en la Constitución. Otro actuar en este sentido, sería un golpe de Estado con tintes dictatoriales.
Si se viera desde ese punto de vista, se podría aducir también que, si fuera del caso, cualquier nuevo mandatario con un día de gobierno podría también querer "perpetuarse en el poder", lo cual no es así.
De la mano con esta reforma, se debería de implementar también otra, para ampliar el período presidencial a cinco años en vez de cuatro. Esto, para aliviar la implementación de políticas cortoplacistas con miras electorales, tan utilizadas en Costa Rica.
Las trabas que afronta esta otra reforma, son principalmente de carácter político, o de voluntad política, ya que la misma, necesariamente tendría que pasar por la Asamblea Legislativa, y como allí, la mayoría de los diputados ya pertenecen a alguna tendencia, y algunos hasta se creen presidenciables, no me extrañaría que no se cuente con los votos para aprobarla. Aquí, como en muchos otros casos, debe de privar el interés nacional, ante el interés individual.
Consultas Populares. La implementación del plebiscito(consulta popular sobre cuestiones constitucionales, para que el pueblo opine sobre hechos, sobre todo para el mantenimiento o cambio de una forma de gobierno) y el referéndum (consulta popular de ratificación para la validez o eficacia de un acto estatal), en la toma de decisiones que le conciernen a todos los costarricenses, es un aspecto básico para reactivar la democracia participativa.
Las nuevas tendencias buscan descentralizar el poder, para que sea el pueblo quien tome las decisiones. Estas figuras se deben de estudiar con mucho cuidado, ya que no se deben de confundir con las meras decisiones de gobierno, y no se deben utilizar para fines, o con fines de carácter populista.
Reformas electorales. Las iniciativas del Centro de Asesoría y Promoción Electoral (CAPEL), que es parte del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH), que es a la vez Secretaría Técnica Asesora del Tribunal Supremo de Elecciones, con respecto a las reformas electorales, son en mi opinión, básicas, para el fortalecimiento de nuestra democracia.
La Comisión Consultiva de CAPEL, presidida por el ex- presidente Rodrigo Carazo Odio, propone reformas como la de que no sea necesario militar en algún partido político, para participar en las elecciones (sobre todo para diputados). Esto es tenderle la mano a los ciudadanos, que crean que pueden servir directamente a su comunidad o a su país, sin pasar por aprobaciones y clientelismo en los partidos políticos.
Propuestas similares de listas abiertas, hasta con espacios en blanco, para que los electores puedan poner el nombre de quien mejor les parezca, son propuestas sumamente interesantes.
Al igual que muchas otras reformas, requieren de gran apoyo y respaldo por parte de la población costarricense, ya que las mismas implican la pérdida de poder de los partidos políticos, pero creo que es una pérdida de poder necesaria, para la reactivación de nuestra democracia.
En este mismo sentido, otra reforma que se debe implementar es la agilización burocrática para la inscripción de nuevos partidos políticos en el T.S.E. Muchas veces estos trámites se tornan sumamente engorrosos, y esto puede ser una forma no intencionada y sutil de coartar la democracia.
Cultura y educación política. Quisiera aclarar varias cosas, que entre muchas otras, reflejan de algún modo la falta de cultura política de los costarricenses.
Primero que nada, una buena Asamblea Legislativa no es la que aprueba "muchas leyes", sino la que mantiene una estable, concordante y eficaz legislación, y la que ejerce un eficaz y certero control político.
Segundo, los diputados, cuando están sentados en el plenario, no son "un montón de vagabundos que no hacen nada", ya que precisamente, esa es su función, estar allí sentados para mantener el quórum y así poder sesionar. Ignoro, qué clase de actividad física o mental quisieran algunas personas que realizaran los diputados mientras sesionan.
Tercero, cuando los diputados discuten en forma airada, sobre la aprobación o no de un proyecto de ley, o de otras cosas pertinentes, no son "un montón de pachucos sin remedio", ya que es su obligación debatir a fondo, y si es necesario, en forma enérgica, sobre los asuntos del país. Precisamente, esa es una de las principales funciones del legislador, y reflejo de la democracia.
Cuarto, sí, está bien que el presidente, ministros, diputados y otros funcionarios públicos, ganen un buen salario por su función, si lo merecen, claro está.
Lo que ha propagado algún sector de la prensa, y lo que es más grave, que los costarricenses de alguna manera han aceptado, de que para ser un buen funcionario público, hay que ganar una miseria, y que entre menos gane el funcionario, más honrado es, es una aberración. Si bien es cierto, el nivel de los salarios se debe ajustar a la situación económica global del país, el funcionario público tiene derecho, como cualquier otro ciudadano, a ser bien remunerado.
Quinto, no todos los políticos son corruptos. Sí hay políticos corruptos, y esto es desde todo punto de vista detestable, pero ponerle este sello a toda persona que se dedique al quehacer político es sumamente irresponsable. La función política bien llevada es uno de los oficios más nobles que puede ejercer un buen ciudadano.
Esta falta de cultura política, y la superficialidad en tales asuntos, no deben de sorprendernos, si tomamos en cuenta la enseñanza de la educación ciudadana, en nuestro sistema educativo, en donde nuestros niños y jóvenes se gradúan embrutecidos por un sistema acrítico, memorista y represivo (pero con un cartón que dice "bachiller" debajo del brazo), donde nuestros jóvenes son incapaces de pensar por ellos mismos, de dar soluciones creativas por ellos mismos, con terror al cambio, donde la democracia de Costa Rica es "muy linda" y somos la "Suiza Centroamericana".
Estos son temores y traumas derrotistas, que van desde el miedo a dar sus propias opiniones, hasta a hablar en público, y donde frases tan arraigadas como "el ser costarricense" solo promueve la vagabundería y la incompetencia. Osea, sin posibilidades de que germinen buenos ciudadanos, y mucho menos buenos líderes (aunque por suerte, siempre hay algunos que se escapan del sistema).
Libros de texto obligatorios, deberían de ser "Etica para Amador" y "Política para Amador" (escritos especialmente para jóvenes), de Fernando Savater, en vez de "Nazarín" y "Doña Bárbara".
Tengo que señalar, que para que todas estas reformas sugeridas con anterioridad sean efectivas, se necesita forzosamente, un gran apoyo por parte del sistema educativo, el cual, debidamente reformado, es pieza fundamental en la construcción de una nueva cultura política en Costa Rica. Si no es así, y el mismo persiste, de nada servirán éstas, ni ninguna otra reforma a nuestro sistema político.
Recordemos que cultura política se define como: "el conjunto de orientaciones específicamente políticas de los ciudadanos hacia el sistema político, hacia sus partes componentes y hacia uno mismo, como parte del sistema".
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