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Entrenamiento Deportivo: Evidencias Biológicas
Jorge Antonio Muñoz Guillén

jorge@tiquicia.com
Quincena 2, Marzo del 2002

Es difícil encontrar evidencias palpables, fehacientes, donde las pruebas sean la muestra irrefutable; en el caso del deporte, cual juicio donde la persona que se le endilgan culpas, sea sometida a comprobación de haber irrespetado las “leyes” dispuestas por la sociedad donde convive.

Siempre se habla de seguir los criterios lógicos, de respeto a las leyes biológicas de protección al deportista, sobre todo el de alta competencia, para que este no se desgaste o cometa errores cuyas consecuencias sean irreversibles y su rendimiento decaiga radicalmente y lo peor, que esto se extrapole a limitar sus actividades de la vida cotidiana.

Así rezan en lo general los preceptos de la metodología del entrenamiento deportivo moderno, donde siempre se define aunque seamos reiterativos, como premisa fundamental; la protección al deportista. Y es que hablábamos en columnas anteriores, como es la del caso del “sobreentrenamiento”, lo peligroso y lo riesgoso de someter a estrés y esfuerzos no controlados al deportista.

En tal columna se proponía algunas características que se presentan en el deportista y que evidencian el sobre entrenamiento, como son: el cansancio, bajo estado de animo, así como aspectos biológicos como respuestas alteradas del sistema endocrino e inmunológico, y alteración de los niveles de cortisol. Estas y otras parecen simple teoría, donde alguien podría pensar que se esconde un margen de ocultamiento de realidades no comprobadas y que les sirven a algunos teóricos del deporte, de lucirse con frases y palabras un tanto rebuscadas, para ganar aceptabilidad y reconocimientos de instituciones y de sus mismos colegas profesionales.

Pero, para aquellos que estén leyendo esta propuesta de lectura, internamente se podrían estar deleitando y decir: “mira como alguien del campo del deporte pone en entredicho y desnuda verdades, que más se acercan a banalidades de aquellos que escriben sin sustento y engañan a los lectores”.

Este no es ese caso. Lo acontecido días atrás con las denuncias presentadas ante los dirigentes y los medios de comunicación, por parte del cuerpo técnico de la “Selección Mayor” de fútbol de nuestro país, son la muestra mas clara de evidencias reales ( no teóricas), de en un juicio; donde no hay jueces, nadie va a prisión, nadie sale condenado; pero si hay personas que salen perjudicadas y estas son los jugadores de los equipos de fútbol de nuestro país y en especial los de la Selección Nacional mayor.

La sobrecarga de entrenamiento, los pocos espacios para la recuperación de estos, los están llevando a situaciones, donde, de no encontrarse los medios necesarios para permitirles su recuperación podrá llevar a los seleccionados a un fracaso enunciado de antemano, con una performance deportiva en el campeonato mundial de Japón y Corea que podría desembocar sin que así estuviera premeditado (lástima, el sueño que vislumbramos en otra columna anterior es posible que no se llegue a cumplir), en un primer partido jugado muy bien y con buen rendimiento físico y técnico, un segundo no muy bueno y un tercero presumiblemente incierto y poco halagüeño en el desenvolvimiento técnico, producto de una base biológica endeble.

LAS EVIDENCIAS, irrefutables, producto de un seguimiento de exámenes, realizados a los seleccionados nacionales en laboratorios mostraron una pobreza en sus bases biológicas que soportan la crudeza del entrenamiento de los jugadores de fútbol y cuyo rendimiento en el terreno de juego se muestran tal y como lo planteamos anteriormente en las diversas variables sicológicas, físicas, biológicas y técnicas en el sobre-entrenamiento. Porque estos jóvenes son “obligados”, a entrenar cuando se puede, después de extenuantes jornadas de fútbol, que van de domingo, martes, jueves, domingo, hasta otra la más común, de domingo, miércoles, domingo.

Evidencia uno.

Nitrógeno ureico. Este degrada las proteínas y junto con la urea permiten medir el gasto proteico. En este caso los valores que se encontraron estaban altos. Con ello se corrobora que el gasto de carbohidratos y grasas como fuente de energía básica para la actividad del deportista estaba agotada y se consumían entonces las proteínas, residentes estas del músculo, como base para darles forma a las fibrillas que lo caracterizan. Por lo tanto estos con propensión a estar débiles, con poca capacidad de respuesta ante el esfuerzo y, por supuesto, con recurrencia de lesiones, entre ellas la más frecuente el desgarro muscular.

Evidencia dos.

La Creatinfosfokinaza es una enzima que produce el cuerpo, la cual permite la regeneración de micro lesiones. Los niveles de esta reflejan el impacto de los golpes en el músculo. Cuando su presencia es alta, se indica con ello, que el jugador va a requerir mucho tiempo para su recuperación, luego de un esfuerzo.

Evidencia tres.

El Cortisol. Hormona que transforma grasas en carbohidratos y estos a su vez en músculo. En este caso su presencia disminuyó y el cuerpo de los jugadores entonces recurre al consumo de proteínas, afectando por lo tanto al músculo, haciéndolo propenso a las lesiones.

Evidencia cuatro.

La Creatinina. Permite medir la función renal. En el caso que tratamos no reflejó problemas.

Bueno... ¿para que más? Con estas evidencias y, como decíamos, sin someter a un juicio a los futbolistas de la Selección, están condenados.

Que pena. Los resultados son irrefutables. Lo estresante del campeonato nacional. Las competencias en los torneos regionales y el rigor de las eliminatorias mundialistas, resultan ser un peso extenuante donde a todas luces el único condenado es el jugador. Aquí no hay vencidos y vencedores. El que pierde, es el jugador.

A las evidencias nos remitimos. Solo decisiones heroicas permitirán brindar a los jugadores los espacios que estos requieren, para que el técnico nacional encuentre terreno fértil, para su preparación técnico, táctica y física. Todo ello de cara a resultados halagüeños y no la cruda realidad de, “un fracaso anunciado” y un sueño truncado.

Evidencias sí, cambios sí, triunfo sí. Son afirmaciones para analizar, de cara al objetivo de obtener la mejor participación posible en el próximo mundial, pero a la vez dejar sentadas para el futuro las bases de un planeamiento al mediano y largo plazo de campeonatos racionales, desde el punto de vista competitivo y deportivo. Pero más necesario es ese planeamiento, en protección de nuestros jugadores, los cuales al fin y al cabo son seres humanos y deben ser respetados como tales y no como una simple mercancía del fútbol comercializado, el cual como “deporte espectáculo”, donde estos (los jugadores) se vuelven en el manejo cotidiano, en instrumentos, del exacerbado mercantilismo de la sociedad actual.

 
 
 
 
 
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Credenciales del Autor:
 

Jorge Antonio Muñoz Guillén

Nacido en la ciudad de San José en 1944, casado.
Jorge Muñoz es Profesor graduado y Licenciado en Ciencias de la Educación con énfasis en Administración Educativa por la Universidad de Costa Rica, institución donde laboró durante 29 años de forma ininterrumpida. Se pensionó de la UCR en julio de 2001. A lo largo de su trayectoria en el ámbito deportivo, el señor Muñoz Guillén se desempeñó como Encargado de la Unidad del Deporte Competitivo de la Universidad de Costa Rica durante muchos años y fue Jefe de Programas Deportivos y Recreativos de la Universidad de Costa Rica hasta junio de 2001. También fue Entrenador de equipos de fútbol de la UCR, coronando a esa institución como campeón Juvenil en 1971 y Campeón Nacional de Segunda División en 1973. Fue Director General de la Dirección General de Educación Física y Deportes durante la Administración Figueres Olsen 1995-1998. Actualmente preside la Comisión de Selecciones de la Federación Costarricense de Fútbol. 

Ha sido miembro de las siguientes organizaciones e instituciones:
  • Consejo Nacional de Deportes en 1975-1979, 1986-1990, 1994-1995. 
  • Comité Ejecutivo de la Organización Deportiva Universitaria Centroamericana y del Caribe ( ODUCC )
  • Comisión de Control de la Federación Internacional del Deporte Universitario (FISU) 1992- 1994
  • Comisión de Selecciones de la Federación Costarricense de Fútbol, a partir de Julio del 2001.

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