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Competencia y Altas Temperaturas
Jorge Antonio Muñoz Guillén
jorge@tiquicia.com
Quincena 1, Febrero del 2002
Nos acercamos en nuestro país,
a una época en donde, el calor producto de la radiación solar y del
medio en general, tienden a aumentar considerablemente; aunque en
verdad, el tema a tocar puede ser aplicable en cualquier época del año
en nuestro ámbito.
Hemos venido haciendo un
seguimiento en las repercusiones y cuidados que se deben tener en una
época de Selección Nacional en el fútbol, la cual resulta candente desde
todo punto de vista: el dirigencial, el económico, la relación de
Federación-clubes de fútbol y por supuesto el competitivo, derivado este
en la relación de la exigencia del futbolista en sus equipos y la
competencia propia del proceso eliminatorio y lo que será la preparación
para la competencia propiamente dicha del Mundial. Entonces, en lo
administrativo y competitivo, si es de discusiones, calor nos sobra.
En relación con el tema del
calor y la humedad que prevalece, como decíamos, en nuestro país y sobre
todo en algunas zonas de él, predispone al futbolista a sufrir algunos
problemas de salud por calor y por lo tanto influir no positivamente en
el rendimiento del futbolista.
El impacto de las condiciones
adversas desde el punto de vista climatológico puede reducirse ya sea
adaptándose al calor e ingiriendo líquidos antes, durante, y después del
entrenamiento y la competencia.
Lo anterior sugiere que tanto
la dirigencia como los entrenadores en lo particular, conduzcan sus
actuaciones a generar, controles y estrategias que permitan minimizar
los efectos de los cambios y adaptación al calor.
La vestimenta es una de ellas y
como un factor exógeno es plenamente controlable. Su utilización en el
entrenamiento en ambiente caluroso se recomienda que sea de colores
claros. Este no debería tener mangas, ni pantalones largos y evitar
sobre todo el uso de “sudaderas” plásticas, las cuales contribuyen a
aumentar la temperatura y por supuesto mayor sudoración.
En lo referente a los
futbolistas, que van a competir en ambientes muy calurosos y húmedos, es
muy importante que ellos se expongan de antemano a este tipo de
ambiente. Así las adaptaciones orgánicas y fisiológicas que ocurren con
la exposición regular al ambiente caluroso y húmedo favorecen y reducen
los efectos negativos en la ejecución de los movimientos y competencias
del futbolista.
¿Cuándo, y como hacer los
ajustes? E aquí un dilema, el cual debe ser tratado, en su aplicación,
por especialistas y profesionales, los cuales facilitaran el mejor
acercamiento a lo deseable.
La exposición al calor debe
comenzar al menos de cuatro a diez días previos a la competencia. Esto
debido, como decíamos antes, a que el ejercicio se ve disminuido por el
calor; recomendándose la reducción de la intensidad y el volumen del
entrenamiento en los primeros días del proceso de adaptación. El efecto
de esta reducción se minimiza, exponiendo al futbolista al calor en una
de las dos eventuales sesiones diarias de trabajo, en la otra se
continúa haciendo el ejercicio de alta intensidad, si es del caso.
En la sesión de adaptación el
ejercicio puede variar, pero debe ser prolongado y de intensidad
moderada. Podemos decir que una sesión de trabajo se puede llamar
prolongada cuando esta abarca alrededor de la hora u hora y media de
trabajo. Es importante indicar que el entreno debe iniciarse con
sesiones, que vayan de menor a mayor intensidad, así como el aumento del
tiempo de trabajo; o sea debe haber gradualidad en todos las fases del
entrenamiento.
Hay que considerar también que
la fase de calentamiento, cuando estamos en climas altamente calurosos,
debe ser un tanto más corta de lo usual, por la rapidez con que sube la
temperatura, y evitar elevaciones excesivas de la temperatura corporal y
la consiguiente pérdida de líquidos.
Con las condiciones anteriores
es necesario proveerle al futbolista insumos, para que pueda entonces
contrarrestar la perdida de líquidos. El proceso de adaptación le añade,
a la pérdida usual, más posibilidades de deshidratación al futbolista.
Debe tomar líquidos antes, durante y después de la competencia. En esto
no puede ni debe haber dilaciones. Es la única forma de contrarrestar y
colaborar en la nivelación y recuperación del deportista luego de un
esfuerzo sostenido.
En general, puede ser agua, de
no haber bebidas deportivas. Y siendo estas hay que cuidar que la
presencia de carbohidratos no sea mayor al 8% por volumen, ojalá fría.
Las “dosis” de estas bebidas se sugieren que se administren de la
siguiente manera:
Antes del ejercicio de dos a
cuatro vasos (16 a 32 onzas) de liquido una hora antes, y un vaso (8
onzas) previo a éste.
Durante el ejercicio, hasta
donde se pueda, un vaso de 8 onzas cada 15 minutos. No debe olvidarse y
aunque se reitere, que en el proceso de regeneración luego del ejercicio
debe estar presente la toma de líquidos, recomendándose 2 vasos (16
onzas) por cada libra de peso perdido.
El tema desarrollado no está
lejos del sobre entrenamiento. Este enmascara muchas cosas, en cuenta la
deshidratación, por lo tanto el deportista, en general, tiene que tener
controles permanentes donde se refleje su estado y se le permita estar
en las mejores condiciones para adaptarse a la competencia. Competencia
que, como en el caso de los futbolistas involucrados en la Selección
Nacional mayor, en la actualidad se ven sometidos a presiones de todo
tipo, en sus equipos, en la propia selección y en su vida personal. Su
cuido debe ser calificado y con la rigurosidad que demanda la
metodología del entrenamiento moderno.
Calor, deshidratación,
competencia, deben ser atendidos; con “Mucho Cuidado”...
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