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La vida moderna, parece eximir a la actividad física, la educación física y el deporte de la atención que estos se merecen. El desarrollo urbanístico y el aumento desmedido de los automotores, limitan el juego libre y espontáneo en las calles.
La limitación de los espacios habitacionales cada vez más pequeños, prácticamente hacen que los niños estén casi sin moverse. El contacto social para el niño y la niña ya no son habituales. Años atrás estos en la mayoría de los casos, iban a la escuela local. De paso jugaban en las calles y hacían amigos con facilidad en el vecindario. Se sumaba a esto que las familias, siendo más numerosas, hermanos y primos vivían cerca. Hoy la familia es más pequeña. Los parientes viven alejados y resulta muy difícil para los niños y niñas encontrar con quien jugar.
La cultura del automóvil, hace de este mismo un encierro rodante, no hay comunicación muchas veces ni siquiera entre quienes se trasladan dentro de él y por supuesto que menos posibilidad habrá de interactuar con vecinos o con quienes se encuentren en el camino. También hay que considerar que los padres y madres de estos niños están fuera del hogar por razones básicamente de trabajo y por lo tanto se pierde mucha interacción, sumándosele entre otras cosas, que los párvulos quedan a cargo de otros parientes o de empleadas domésticas y que cuando estos regresan a casa después de la escuela traen compañeros para hacer sus tareas y por supuesto que adicionalmente para jugar, pero "mala pata para ellos y ellas", quizás a quienes les cuidan no les gusta el ruido y los restringen a ver la televisión, apareciendo la sombra de la inamovilidad, tanto física como verbal. Todos queditos y callados hasta que papa y mamá lleguen a casa temprano, "cuando estos tienen suerte ".
Sin embargo los contactos sociales siguen siendo primordiales en el desarrollo de niños y niñas. Estos contactos por extraño que parezca deben ser organizados. Además en la escuela, no pueden poner a prueba sus potencialidades físicas. Pasan la mayoría de su tiempo recibiendo sus clases de idiomas, matemáticas y las otras materias del programa escolar, pero sentados; de nuevo la inamovilidad hace presa de ellos y ellas.
Cada vez pareciera perder terreno el que la clase de educación física es vital para esos seres que están en sus mejores momentos, para estimularles las bases motoras que sustentarán su futuro. La falta de infraestructura para la actividad física y el deporte en los centro educacionales de preescolar y primaria es evidente, así como también la carencia de los maestros que se encarguen de esta importante tarea, de poner en movimiento a quienes más lo necesitan.
Por ello, la responsabilidad de los padres y madres de estos jóvenes, no debería circunscribirse a dotarlos de los mejores atributos académicos, sino también luchar en la procura que en las edades tempranas, tengan un crecimiento armónico entre su ser intelectual y el físico, en procura de un desarrollo armónico.
Tal y como están las cosas, los responsables de permitir una crianza proporcionada a los niños y niñas, deberían entonces de procurar que estos se involucren en actividades deportivas extracurriculares para compensar como decíamos, no sólo el desajuste físico o la capacidad de movimiento, sino también procurarles los espacios para una mayor interacción social.
Existe por suerte al menos para los fines de semana, y en algunos casos entre la misma, programas de escuelas formadoras en el campo del deporte. Sin duda es vital que los niños y niñas estén motivados para involucrarse en ellas (no deben ser obligados), jugando ambos, tanto el padre como la madre un factor determinante en la motivación y en la escogencia del lugar y la actividad adecuada, para el desarrollo de sus hijos e hijas. Atención, pero no convertir la escuela o el club deportivo en una guardería y relevarse de la responsabilidad de estos. Hay que darle seguimiento, hay que estimularlos, hay que incentivarlos y orientarlos y participar con ellos, de tal forma que el deporte, la actividad física, formen parte de sus compromisos y responsabilidades, procurando que el estudio siga adelante y bien. Por lo tanto estos, los padres y las madres, tienen un gran compromiso y papel que jugar en esta fase los jóvenes, asegurándose que sus hijos e hijas tengan suficientes oportunidades de educarse no solo en lo intelectual, sino también lo social, lo emocional y lo físico.
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