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De tratitis y tratados
Víctor Valembois

valembois@tiquicia.com
Quincena 1, Octubre del 2001

     La Biblia menciona siete, pero estas, como los virus, hasta por computadora, se multiplicaron: desde apenas unos años para acá, en el medio se comprueba otra plaga, la "tratitis". Dentro de un esfuerzo por construir conscientemente un cosmopolitismo valedero, a continuación va una filípica contra esa tratitis aguda... El síntoma refleja toda una actitud mental inconveniente para el afán de ciudadanía universal y creativa que propugno. Para ser franco, no sé si merece el calificativo horrible de "polada", pero más vale prevenir que curar, porque de seguir por ese camino de seguro allí terminamos. 

     En la línea de mi maestro Láscaris, tan genial en sus observaciones sobre el lenguaje vernacular, a uno como forastero le resulta un tanto más fácil observar lo de acá a cierta distancia. Pero usted, paciente lector, ya debe haberse percatado, quizá, del vicio idiomático al que me refiero: ¡cómo una plaga de langostas! Desde hace unos años y cada vez con mayor incidencia, los cuadernos y el discurso de los estudiantes se ven invadidos por lo que aquí pomposamente también podríamos bautizar como intencionaditis, procuraditis: "lo que trato de explicar es que", "la autora lo que quiere es que..."; "mi anhelo es tratar de decir", señala alguien en completa tautología (¿cierto que "anhelo" implica "tratar de..."?). Desde luego, de por medio está la postura defensiva del alumno, su temor patológico al qué dirán, en caso de equivocarse, rasgo mucho más fuerte en Costa Rica que en otros cuatro países donde una ha enseñado.

     Más grave es encontrar esas posturas, ya no por timidez, sino porque el mal hábito se ha generalizado, en boca (o en la pluma) de colegas e instituciones. Un amigo escribe: "El problema era tratar de determinar en qué parte de esa comarca se encontraba el fabuloso lugar" (con quitar ese "tratar de..", ¿no se señala lo mismo?). Hasta en autores importantes, en este caso, un Premio Magón, encontramos: "...los investigadores literarios extranjeros cuando tratan de referirse a la transformación de la novela hispanoamericana" (que se refieren a ella bien o mal es otra cosa. El asunto revela una pavorosa pobreza léxica. Tengo para mi que muchos alumnos abusan del "tratar" por confundirlo con el homónimo que dio origen a la palabra "tratado"(de tractatus). En otras palabras, que cuando un trabajo "trata de" tal tema, no es que su inexperto autor está empeñándose, sino que como verdadera autoridad, puede escribir hasta volúmenes al respecto...

     La plaga está bien enraizada, con indicios de transformarse en epidemia y hasta pandemia, si a lo anterior añadimos equivalentes al estilo de una "antología del disparate", es decir la "polada" disfrazada de culta. ¿Qué pensar de esa colega dubitativa y vacilante (porque le tiembla la misma expresión) al referirse a "los continuos intentos teológicos que intentaban demostrar ..."? Hasta en textos "serios" encontramos esa excesiva prudencia en el hablar. Es así como un programa académico pone: "... inició los trámites para que se comenzara la labor..." (el que escribe debe ser un colega muy consciente de la burocracia). La benemérita (o casi) Defensoría de los Habitantes señala que "procura impulsar un abordaje y análisis...". ¿Me equivoco si observo que "impulsar" es también "tratar de" y que "abordar" es empezar, tratar de...? Frente a tanta buena voluntad y gestos de querer queriendo, por qué no limitarse, en buen español universal, a tratar ... solamente asuntos y lesiones. Dos renglones más abajo el informe se refiere a "decisiones administrativas tendientes a lograr" (otra vez, como si los sinónimos disfrazaran el cáncer). En una investigación universitaria leo que esa misma institución"procura crear anualmente informes". Supongo y espero que no se morirá en el intento, porque es su obligación legal. A fuerza de sinónimos que no reflejan dominio, se refuerza esa misma flaqueza aterradora. Los casos abundan. Son una legión, en sí, y sería toda una conquista tan solo lograr una diversificación expresiva al respecto: se procura, se propone, se pretende, se aspira a, ... Fijémonos, por de pronto, que conviene evitar esa acumulación de verbos: ... "debemos procurar solucionar".

     Desde luego, me consideraría dentro de los filólogos (algunos más tienen de policía idiomática que de cultivadores de una común conciencia lingüística), de no percibir como absolutamente necesaria y válida la expresión de la duda o el intento en situaciones concretas. Cuando el periodista escribe que "una serie de rufianes locales y extranjeros pretenden convertir al país en Sodoma y Gomorra", más vale persignarse para que esa denuncia no se transforme en espantosa realidad. Pero ya un tanto menos justificado veo ese tipo de pronóstico reservado en la formulación de objetivos programáticos, como aquel "curso teórico que pretende introducir.... "o el otro que "... tratarán de impulsar en el estudiante....". Vuelvo un momento aquí a una plaquita. Leo en letra de molde contra la pared del auditorio de Estudios Generales, en la Universidad de Costa Rica:

     La universidad es, en efecto, la garantía institucional de una tarea a la que el hombre no ha renunciado aun afortunadamente: la de no contentarse con subsistir, sino intentar dar un sentido a la existencia.

     Me encanta ese letrero, por su contendido, no por la manía de inaugurar y poner su nombre en cuanto edificio o puente haya. Pero Abelardo Bonilla (1898-1969) habría señalado lo mismo sin aquello de "intentar"... y ya veremos si lo logramos o no. ¡No aflojemos en el empeño!

     Por doquier se comprueba esa muletilla verbal nefasta: "el curso pretende dar una visión panorámica...", de repente sería útil señalar al docente su falta de confianza en si mismo y ¿para qué aquello de "ellos tratan de motivar a los funcionarios"?: ¡que motiven, y bien! (esa es la perspectiva del emisor: que lo haga bien, con ganas, no más o menos). Por el resultado (la perspectiva del receptor), ya veremos si lo lograron o no. Ahora, es simplemente una manía: está de moda, en aras de una democracia confundida con igualitarismo, hablar "más pior" que el otro. En cambio, señores, el cosmopolita, como nuestros Brenes Mesén y Omar Dengo, eran aristócratas del lenguaje, cultivadores de la forma ... por ser parte del contenido.

     Este análisis parte de las enseñanzas de Heinz Schulte, en el sentido en que la lengua refleja la realidad; es consecuencia, entre otros, de una perspectiva mental, una "visión de mundo"; a su vez, entonces, la realidad expresada en el lenguaje condiciona ciertas expresiones lingüísticas y la relación circular es completa. Por eso, poco sentido tiene la técnica de la Niña Pochita, aludida hace un tiempo. Sin ganas de ofender, yo la identificaba como "bien intencionadita, pero limitadita", en cristiano, una niña que "trata de...", por lo cual se confirma la igualmente mencionada trampa de la educación. "Apaga y vámonos" si los docentes no nos percatamos que, nuevamente aquí, ésta, en vez de atacar el problema por sus causas. Por esta vía se confirma todo un estilo educativo local y hasta nacional de buenas intenciones, que ya Dante denunció como siendo el piso que lleva directamente al infierno...

     Detecto también una causal externa o, mejor dicho, la mala incorporación de un elemento de fuera. Como se sabe, la expresión tipo "gentleman" (¿un modelo de cosmopolitismo imperial de antes?), en inglés suele ser muy comedida, prudente. Pienso en frases como "we should try to choice", "we would suggest" o "you may find this difficult", como también en el clásico aviso para un fatal desenlace: "I'm afraid he passed away". No por nada señalaba Pío Víquez que "la civilización es una perífrasis". Ahora bien, en esa misma línea, los del norte suelen utilizar con frecuencia el "try", que desde luego, es "tratar", PERO, sospecho que en muchos casos vemos el reflejo de traducciones malas, por literales. La mayoría de las veces, en el idioma de Cervantes, no hace falta retomar la palabreja en cuestión. Desde luego, es un error, una polada de"tratitis", como equivalente de "this program is intented to...", poner que el programa en cuestión "trata de...", ya no como tratado, sino como intento.... Sor Juana de la Cruz sabía que las trampas no solo existen a nivel de la fe, pero además en el lenguaje.

     Pero, ¿qué tiene que ver todo eso con lo cosmopolita? Para expresarlo en términos de Ripley: "aunque usted no lo crea", mucho, muchísimo. Primero, porque con base en el "conócete a ti mismo" de Sócrates y "conocer es resolver" (ver Martí: "Nuestra América"), prevalece el postulado del imprescindible auto-análisis, más allá del miedo a la crítica o serrucho. Solo bajo esa condición podremos ser ciudadanos del mundo. Este ideal implica entre otros el horror al palanganeo verbal, más allá de la cultura del "máomeno, lo que trato de decir..." que prevalece. Me viene a la mente la idea -y el ejemplo- de otro hombre universal, por haber sido también tico fuera de lo común: Arnoldo Herrera. Señalaba este prócer que, más allá de una meta que se aleja cada vez más, un horizonte que se ensancha con cada logro, el concepto de utopía sirve para caminar, moverse, no estancarse (y no hay que ser sociólogo, ni sicólogo para palpar y diagnosticar esa modorra, ese estancamiento colectivo que nos invade).

     En segundo lugar, con Claudio Gutiérrez (para que no falte: gran tico, gran hombre universal), revindico la importancia de la lengua en todo proceso de aprendizaje, por supuesto en la hominización (el volverse más varones y mujeres en el mundo en que nos toca vivir). En un brillante ensayo ("Educación y cambio", a conseguir en "combo" con otra cantidad de valiosos trabajos en www.claudiogutierrez.com ), se visualiza, por un lado que todo comprender y asir el mundo se lleva a cabo por medio de la lengua. Si ésta es de tipo aproximado, también la percepción tendrá el mismo defecto. Por otro lado, se pone en evidencia que toda voluntad de cambio, de evolución, igual, pasa necesariamente por ese recurso del lenguaje. Este vehículo es enormemente frágil, por humano, ligado a errores históricos (como el machismo: volveremos sobre el punto), como tan esperanzador, porque es nuestro machete inevitable, que debemos perfeccionar, afilar. En efecto, en cualquier profesión somos comunicadores. 

     De manera que cosmopolitismo implica también distinción, rigor en la expresión. Muy distinta es la uniformidad "global" del loro y de la fotocopia que nos están recetando y que por estas latitudes se come con demasiada facilidad: no lo confundamos con el igualitarismo global: la dizque "cultura" del OK, del whopper, del outlet, del mall. Por cierto, ¿cuántos coterráneos se han dignado revisar en el diccionario qué significan esos términos? Aquí hago entonces un llamado a la conciencia lingüística, componente humano y humanístico universal. (o por lo menos eso traté, profe...)

 
 
 
 
 
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Credenciales del Autor:
 

Víctor Valembois

El académico y filólogo Víctor Valembois nació en Bélgica, donde cursó su Licenciatura en Filología Románica por la Universidad de Lovaina. En 1976 obtuvo un Doctorado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. A lo largo de su vida ha viajado por numerosos países de Europa y Latinoamérica, habiendo residido en Chile durante los años 72 y 73. Actualmente reside en Costa Rica, donde se desempeñó por largos años como Agregado de Cultura y Prensa de la Embajada de Bélgica. Se ha destacado como profesor universitario, impartiendo clases en la Universidad de Costa Rica, de la cual es Catedrático, actividad que ha desarrollado en otros centros de educación superior. Es autor de numerosos artículos y columnas que se han publicado en revistas y periódicos nacionales y extranjeros.

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