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¡Vaya uno a entender a los ticos! Hay momentos y circunstancias en que aman, adoran y hasta idolatran las placas, como legítimas muestras de los dioses; pero en otras coyunturas, resulta que no. De lo primero consta como ejemplo la extraña plaga para poner nombres sobre los edificios y sus dependencias. Durante años, en la UCR hubo una "soda Rose Marie Karpinski", hasta que un alma piadosa... se apiadó del letrero, grande, metálico. De manera entonces que no sería raro ver que se dediquen hasta unos sanitarios a un rector tan gentil por acordarse de ese derecho humano inherente. ¡placas, placas, en ese sentido; en cambio, nada más salir del aeropuerto, rumbo a la capital, el ingenuo turista se sorprende por la alegre ausencia de identificaciones o placas en los carros. Se trata, pues, de una contradicción tan insondable como profundo es el triángulo de Bermudas (aprenda geografía: no se refiere a una prenda de vestir).
En realidad, existen otros tipos de placas, que más bien hacen falta: las de señalización para orientar al turista a salir de San José, por ejemplo. Las que indiquen dónde tirar basura: otra especie de "servicios", ¿me entendés? Por supuesto también en los carros se requieren, a no ser que uno se refiera a esa placa o ese disco "CD" que muchos polos tienen guindando delante de sí en medio parabrisas. Un presidente finisecular señaló en un mensaje televisivo como gran logro de su gobierno haber conseguido 80.000 placas. Debería ir a Toronto, por ejemplo, donde uno "personalmente en persona" (como dice Cantinflas) observa que todos los trámites para revisar, inscribir y conseguir placas para un carro ocupan exactamente una tarde... En "los Estados" también le mandan a uno esos "chunches" hasta por correo y si le sobra alguna platilla, mediante una suma no tan módica puede escoger ciertos números interesantes o, ya con bastante billete de por medio, pero todo oficial, consigue otras variantes de "vanity plate".
Respecto de las placas "conmemorativas", las hay por doquier, como para resarcir el ego de cuanta junta directiva o diputado que hizo algo "importante" para su comunidad. También el vandalismo es un problema. Se robaron dos placas cerca de la "Northern" que la Ministra Volio mandó arreglar, hace pocos años. Caso aparte es la estatua de Mauro Fernández. La efigie de ese patriota (que entendió que para salir de la polada había que educar, obligatorio y por ende gratuito), la botaron (por cierto los propios educadores, entre otros Carmen Lyra una líder grande), al lado del Edificio Metálico. La versión "de repuesto" aparece "inagurada" (así señala la placa, con todo y horror ortográfico) en el Parque Morazán. Para los interesados, como nunca es tarde para aprender, el estudio de la plaquitis se llama placología. En cierta universidad progresista dan ya "placología I y II". Requisito: haber puesto por lo menos una placa, tener mínimo un título colgado en alguna parte. En una de las 57 universidades privadas puede que estén ya dando esa materia, junto con "palomitas III".
Respecto de las placas automovilísticas, muchas brillan por su ausencia. Falta simplemente eso: pantalones, porque no será por escasez de metal ni de pintura que no aparecen las benditas. Me refiero a las que llevan numerito, por supuesto y no las babosadas de turno, en la farándula de siempre. Por ejemplo, disculpen la franqueza: como esa, importada pa´que sea más tuanis, con "Will work 4 sex" u otras del mismo calibre, made in USA, pero que jamás sustituyen la placa de rigor, sino que se ponen al lado o en el lugar más inverosímil. Pero, con perdón de las almas sensibles, también abundan las placas poladas o las poladas con placas (el orden de los factores no altera el producto) con cada mensaje que, lejos de ofensivo, incita a la vida virtuosa, solo que en el lugar equivocado. Pero dígame, ahora que cerraron "definitivamente III" la radio esa del padre-fundador, ¿dónde pongo mi placa de "Radio María" ("la paz del dial", pero la intransigencia en la boca)?
Lo peor es el "ejemplo" oficial, del gobierno que sea (¿sabía usted que la polada es daltónica?). En La Nación del 6 de julio del año pasado salió un artículo, ilustrativo al respecto pero no excluyente, en cuanto a las "actividades diarias del Presidente". "Esas" se refieren en realidad a colocación de primeras piedras, entrega de pupitres y bonos, inauguración de aulas, celebración de aniversarios de entidades... El caso es que a las 9:30 a. m., el mandatario tiene que participar en la presentación de un nuevo servicio del Banco Nacional; a las 10:30 a. m. visita el cementerio General, para celebrar los 155 años de fundación de la Junta de Protección Social (JPS) y, a las 3 p. m., se reúne con pobladores de otro lugar; en los tres lugares, en realidad, para el mismo asunto de cortar una cinta, poner la placa correspondiente de tan digna hazaña, etc. Para los incrédulos, el artículo de marras contiene una lista de esos eventos, por supuesto cada uno a visualizar con la respectiva foto en el periódico del lugar o en los canales nacionales...
Todos los gobiernos necesitan proyección de imagen, no cabe duda. Pero de allí a confundir la imagen de la placa con la realidad de los perennes hechos... hay mucho trecho. En realidad, esas exposiciones públicas no mejoran sino de manera muy mediocre y absolutamente momentánea la imagen. El caso es que se ponen placas a diestra y siniestra, en los puentes vecinales (por insignificantes que sean), en cada obra de tercera categoría y por todo rincón de la geografía nacional. Conste que es bueno cultivar la memoria (por algo en ruso monumento y memoria tienen la misma raíz). Además, el deterioro se genera y se visualiza (como igual, se combate), en problemas estructurales, en obras grandes y trascendentes. Obras son amores, así de simple. Prevalece, como indicio, el vuelo bajo, la improvisación, el efectismo inmediato. Como si gobernar fuera lo mismo que administrar (en inglés, desgraciadamente sí, por la terminología). De allí lo malo de copiar hasta el anglicismo, por ejemplo en "Administración Figueres". En buen romance, de gobernar se ocupan los gobernadores y gobernantes; administrar lo hace hasta el pulpero de la esquina, con o sin un "master" en "biznes administration".
Otra cosa es el contenido de susodichas placas. El mensaje comunicación profundo, a veces, por qué no hasta poética, como la frase de Isaac Felipe Azofeifa en el INS, cala hasta en fibras recónditas. Queda grabado en los ojos y en la mente. Pero si se trata de vanagloriarse personalmente o de una publicidad disfrazada para la junta directiva de tal año, entonces adiós dignidad tanto de las personas mencionadas como de la idea de nación. Cerca de la feria, los sábados, se puede "admirar"en una placa desproporcionada una lista kilométrica de benefactores de la patria, poco menos,... para una obra que ahora está al garete. En cambio, ejemplo a seguir: la placa que pusieron quienes inauguraron las obras alrededor de las fuentes de agua, arriba en Aserrí: con la leyenda muy útil de que quienes figuran en el metal ese, también sacaron su billetera para contribuir en el gasto.
Docente que es uno, ha pensado en un cuadrito (¿una plaquita?) a poner en el cuarto de baño, pa´que lo vea y lo recuerde por lo menos uno, el que lo puso, con un resumen de la clase de confusiones (errores frecuentemente cometidos, a evitar se ha dicho) que genera esa práctica de la "plaquitis":
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Figurar ¹
hacer (pa´que lo sepan ciertos figurones de todo pelambre)
Apariencia ¹
esencia (¿ce veras, yo que creía que mi maquillaje...?)
Gobernar ¹
(o no solo es) administrar (tomen nota, señores estadistas)
Aparecer ¹
parecer (aunque usted no lo crea)
Ser ¹
(a-)parecer (en la tele o en el medio que sea)
Una placa ¹
la realidad (no equiparar plaquitis = inauguritis)
Inaugurar una obra ¹
lo mismo que terminarla (por eso, las inauguraciones múltiples)
Decir que "vamos a hacer" ¹ hacerlo (que lo hagan otros, hombre)
Ser ¹
tener (igual que el hábito no hace al monje, aunque a veces sí, un poquito)
Un pobre político ¹
un político pobre (sin relación de causa a efecto...) |
Este decálogo, ¿deca-sualidad le suena conocido o aplicable a la realidad de cierto país tropical de cuyo nombre no quiero acordarme? En fin, en esta viña del Señor sobran placas, de las de inaugurar y faltan placas, de las de matricular. Un polo lo tomará como otra muestra de lo "típico" ("Costa Rica es diferente"), pero para el cosmopolita constituye prueba fehaciente del peor de los subdesarrollos: el mental (el económico tiene remedio, el mental... quién quita un quite). Aquí he ilustrado un problema de actitud al confrontar el uso, el abuso o la falta de distintos tipos de placas. Pero, desde luego, el asunto es que esto fue un ejemplo, las aplicaciones las encontrará usted por doquier. Es urgente salir de esa mentalidad de aldea. A ponerse las pilitas marca "National", pero en confrontación permanente con lo que se hace afuera. Para eso no hay que estar suscrito al Wall Street Journal, donde se informó hace poco que en Argentina, Chile y México toma respectivamente 71, 78 y 112 días para establecer un negocio (en Costa Rica, pos quién sabe); en cambio, hacer lo mismo en Canadá demora exactamente dos días hábiles (Fuente: "Mensajes cifrados" en La Nación del 3 de junio del 2001).
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