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Entre una modesta columna y un proyecto vital

Víctor Valembois

valembois@tiquicia.com

 Quincena 1, Mayo del 2001

 

     "Yo soy aquel que ayer no más"... ¿recuerdan el verso de Darío? Algo por el estilo le debe de venir a la mente de mucha gente, respecto de mi persona: ¿cómo es que un señor que, dicen, vive despotricando contra todo en este bendito país (y a la postre no es de aquí) se mete ahora a escribir en órgano virtual llamado "tiquicia"? Vale para el caso otra frase, en un registro un tanto menos elevado, la del "Condorito" (me fascina): "¡exijo una explicación!" Aquí va. A modo de introducción, entonces, algunas líneas de presentación personal (y perdonen: no tengo interés en vender mis memorias todavía), cosa de ubicar coordenadas y perspectivas.

     Pinochet tuvo la culpa, al ofrecerme cinco días de alojamiento gratis. Pues sí, ese es otro asunto raro: ¿cómo es eso que ese señor que ahora quiere escribir en Tiquicia con aire de pocas pulgas, parece que nació en Bélgica y estudió en España y se casó y vivió su rato en Chile y ahora lo aguantamos aquí desde tiempos del golpe aquel? Le agradezco públicamente a ese viejo dictador haberme prestado el piso de madera de lo que aquí sería "Migración" cuando (llegado el momento del "pronunciamiento" -¡oh tan lindo el eufemismo!- como le señalaban esos a su acción cruenta) tuve que presentarme ante las autoridades y me "guardaron" por el delito de ser foráneo y profesor universitario. ¡Ah! y pesaban otras sospechas contra uno: haber llegado durante el régimen de Allende ... and last but not least, ¡llevar barba!

     Pero déjenme primero contar un capítulo previo: escenario, el Viejo Continente. Allí se formó uno, en una histórica universidad, creada bastante antes de la primera en Costa Rica, nada menos que en 1425, en el apogeo de la Edad Media... Hablando de historia, pese a haber estudiado letras (como oveja negra en una familia de gente que trabaja en el sector salud y en otras ciencias "serias"), quizá allí mismo me vino cierto interés por lo diacrónico. Por cierto, la formación en la vieja Lovaina conllevaba un fuerte sello historicista. Agradezco ese ingente marco de referencia, pero a la larga, por las andanzas latinoamericanas posteriores, me di cuenta que resultó bastante eurocéntrico. A esa pesada instrucción uno ha tenido el privilegio de añadir, por contraste y por complemento, media vida en la patria de Bolívar.

     Como resultado de todas esas andanzas por diversos lados, estimo estar en capacidad para palpar la manera de ser y de vivir, la cosmovisión, por ambos lados del Atlántico. Queda una postura que algo tiene de sincretismo. No es aquello, un tanto ingenuo y hasta simplista de "en todas partes cuecen habas", porque a la larga, filólogo y traductor que es uno, también ha aprendido que la lengua constituye una mediación tan útil como sibilina. Bajo una misma etiqueta verbal pueden esconderse realidades sustancialmente diferentes. Por otro lado, sobre la base supuesta de un producto "más o menos" (muletilla local) parecido, todo el quid del asunto se sitúa por último en la receta (y forma y fondo constituyen un sistema consustancial). La convivencia con gentes y realidades de diversos países y hasta continentes, deja en claro la necesidad perentoria de salir del local reducto,... por definición reducido. Por eso postulo la conveniencia del cosmopolitismo.

     Señala Láscaris que "para ver hay que extrañarse". Con el perdón de ustedes, me declaro hijo espiritual de él, como otro europeo trasplantado en el trópico en la búsqueda del hombre, más allá de las fronteras, meras cicatrices de la historia. ¿Cómo no identificarme con el maestro, cuando señala: "...el ser educado en otro país hasta la edad adulta, me ha dado ventaja para esto, sobre los costarricenses de nacimiento y de educación, pues me ha dado la perspectiva..."? (Véase la introducción de su precioso libro El costarricense). Declaro también ser hijo de otro, pero ya no está para asumir la paternidad responsable: don Carlos Meléndez, con cuya amistad me honraba. De él, aquí va una recomendación: "La historia es enseñanza y por ello debemos tratar de hacer luz clara, que no enceguezca ni deslumbre, pero sí que señale y oriente nuestros pasos." ¿Qué les parece? De manera que esa circunstancia, con amplias vivencias, en lo temporal como en lo espacial, por fuerza deja no solo una enorme tensión. Pero tensión, stress si se quiere, del bueno, entre el antes y el ahora, entre el acá y el allá.

     Ahora bien, por aquello del "azar y la necesidad", juntando la simple afición personal por lo historiográfico con estadías en varias geografías, me interesa todo lo que sean "puentes" entre dos mundos. En particular, como en el caso de don Carlos y de don Constantino, entre el europeo y esta Costa Rica: el primero nació en Costa Rica, pero por su objeto de estudio y su desempeño diplomático, bastante sabía también del Viejo Mundo; el segundo igual era un cántaro de información, pero por vivencia al revés: nacido español, su currículo llegó a tener extensos capítulos ticos. Yo quiero ser discípulo de ellos. Lo hago por último para ver claro en mi propia experiencia intercontinental. Al mismo tiempo, para mis dos vástagos y mi nieta, pretendo contribuir a desentrañar las múltiples raíces de identidad del pueblo en que soy residente desde hace tamaño ratito, guardando por allí un pasaporte de la Unión Europea. Es una circunstancia; constituye un empeño. En ese aspecto, parto de una innegable "ventaja comparativa": por ciudadanía, por idiomas, por mi docencia universitaria en temas afines y por haber sido funcionario de mi país (quince años como "Agregado" de embajada), siento una vocación más acá de la tierra donde nací y más allá de este terruño en que probablemente me tocará morir. Me interesa mucho ser y contribuir a ser ciudadano del mundo. Por cierto, para eso, he investigado formalmente cantidad de nexos entre esta parte del globo y mi tierra de origen. Y como no quieren de ese caldo, les voy a servir varios platos.

     Basta ya. A mis "... ticinco" años he llegado a la conclusión de que vale la pena vivir con intensidad, tomándoselo deportivamente (es un decir: no practico ninguno). Pero conviene hacerlo sobre buenas bases: en lo diacrónico, aprendiendo de los que nos precedieron en todas partes y en lo sincrónico, abriendo la ventana al mundo. A partir de esta, mi primera colaboración, irá un aporte quincenal bajo el título "cosmo-polita", en el cual ese guión travieso algo sugiere: me propongo describir criterios respecto de ambos polos, uno a como "leo" eso que podríamos llamar "el mundo",... y el otro, este microcosmo "Tiquicia", donde por gracia o desgracia vivo. ¡Se arma cada lucha entre la "polis" universal y... lo "polo" de más de una vivencia! Indudablemente, entre sendos ejes, grande es la tensión, pero a lo mejor son complementarios (o en buen tico: lo más seguro es que quién sabe). Me propongo entonces precisamente también alternar los enfoques. A ver cómo nos va. Y como se trata de un texto-tejido todo deshilvanado en versión virtual, aquí les pongo también mi dirección electrónica (valembois@tiquicia.com), para que por esa vía me critiquen lo bueno, lo malo y lo feo. Gracias, de nada.

 
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Perfil del Autor

El académico y filólogo Víctor Valembois nació en Bélgica, donde cursó su Licenciatura en Filología Románica por la Universidad de Lovaina. En 1976 obtuvo un Doctorado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. A lo largo de su vida ha viajado por numerosos países de Europa y Latinoamérica, habiendo residido en Chile durante los años 72 y 73. Actualmente reside en Costa Rica, donde se desempeñó por largos años como Agregado de Cultura y Prensa de la Embajada de Bélgica. Se ha destacado como profesor universitario, impartiendo clases en la Universidad de Costa Rica, de la cual es Catedrático, actividad que ha desarrollado en otros centros de educación superior. Es autor de numerosos artículos y columnas que se han publicado en revistas y periódicos nacionales y extranjeros.

 

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