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Por: Hermes Navarro del Valle
Considero mi deber el refutar una serie de
desinformaciones dadas por este periódico mediante su editorial del pasado 18 de octubre relacionadas con el
fallo de la Sala Constitucional sobre la fecundación in vitro. La Sala, además de declarar inconstitucional
la fecundación in vitro, también tuvo palabras claras en contra del aborto y la restauración de la pena de
muerte en Costa Rica. Sin duda alguna, este es el voto más importante desde la creación de la Sala
Constitucional, pues nos dice quién es ser humano y desde cuándo merece la protección de sus derechos
fundamentales.
Luego de haberse publicitado este voto, han surgido
muchas expresiones que acusan a la Sala desde atentar contra el avance de la ciencia hasta violar los
derechos de una pareja a tener un hijo. Creemos oportuno aclarar algunas ideas equívocas, que
esperamos permitan poner en una perspectiva mejor los argumentos utilizados en este voto.
Primero. La vida humana empieza desde el momento de la
concepción. Por lo tanto merece toda nuestra protección. Es decir, que todo ser concebido debe ser
tratado con la misma dignidad como si fuera mayor de edad, quizás con mayor cuidado pues no solo adquiere
los derechos fundamentales que todos tenemos, sino que caen sobre tenemos algunos deberes específicos de
protección, por ejemplo los contenidos en la Convención de Derechos del Niño.
Segundo. Para que un niño fecundado in vitro llegue a
nacer se deben crear seis niños en un laboratorio para así ganarle a los porcentajes, y esto sin mencionar
que la mayoría de las parejas necesitan más de una sesión para quedar embarazadas, Es decir, que para que
esa pareja pudiera ejercer el "derecho de tener un hijo" hubo que sacrificar hasta 30 niños. ¿Y la vida
de esos niños? ¿cuántos niños debiera permitir la ley que sean sacrificados para que una pareja pueda tener
un niño?
Tercero. Se dice que no es el médico quien mata a los
niños sino la misma naturaleza, que lo único que hace el médico es introducirlos en la madre y que es el
mismo cuerpo quien se encarga de botarlos. Esto es una falacia jurídica, médica y moral. Los desastres y
tragedias que por naturaleza suceden no son equiparables a aquellas que son provocadas por el ser
humano. Pongamos un ejemplo: yo tengo un barco y me llevó cinco turistas a una isla donde sé que pasará un
huracán en pocas horas, pero no les digo nada y los dejo ahí. Me devuelvo a la costa, viene el huracán y
mata a los turistas. Luego viene la policía a preguntarme por qué lo hice y les respondo que no los
maté yo sino la naturaleza. Este ejemplo es exactamente el mismo caso que la fecundación, aunque
al final de cuentas es la naturaleza la que mató a los turistas y a los niños en el caso de la FIVET. Si yo
puse a esas personas -y niños- en una situación tal que sabía de antemano que sus vidas correrían peligro,
soy culpable de sus muertes. Otro ejemplo, sería como si una persona pide autorización a unos padres para
poner a su chiquito en medio del cauce de un gran río, a sabiendas que probablemente el río lo arrastrará y
matará. Si lo hace: ¿creen ustedes que sería inocente él y los padres que dieron la autorización porque fue
la naturaleza la que al final de cuentas mató al niño? ¿O quizás creen ustedes que solo los padres son
culpables porque la otra persona actuó con su consentimiento? Creo que todos coincidimos que ambas
partes serían culpables por igual.
Cuarto. Se dice que se produce un gran retroceso en la
ciencia. No es cierto. La técnica de la fecundación in vitro está científicamente paralizada en todo el
mundo. No ha avanzado, se quedó estancada y ahora más que nunca, ya que los recursos que iban para estas
técnicas están siendo destinados para el proyecto del genoma humano. Asimismo, parece descabellado
manifestar que todo el avance científico se detiene por esta técnica. Existe un sinnúmero de campos
todavía por investigar en el combate a la esterilidad en mujeres y en hombres y apenas empezamos a ver los
primeros resultados; por ello repito que resulta absurdo decir que toda la ciencia se detiene porque no
se pueda hacer fecundación in vitro en el país.
Quinto. Se dice que el único recurso que les queda a
unas pocas personas con dinero es ir al exterior a hacerse la fecundación, porque las mujeres pobres no
podrán hacerla ya. Falso, la fecundación siempre fue un método para personas de altos recursos. Cuesta
miles de dólares y no estaba al alcance de la mayoría abrumadora de la población. Nunca estuvo al alcance de
mujeres de escasos recursos. Dar esta idea es una dramatización de la realidad.
Sexto. Es necesario recordar que esta acción no fue el
producto de un capricho del suscrito. Al contrario, la mayoría de las personas que intervinieron concordaron
con las posiciones antes expresadas. Para darles una idea: la Caja Costarricense de Seguro Social presentó
un documento de casi 50 páginas oponiéndose a la fecundación porque viola la vida humana y agregaba que
la Caja jamás podría realizar esta técnica porque no cura, sino que sustituye. La Procuraduría General de
la República presentó dos documentos donde también se manifestaban en contra de la fecundación por violar la
vida humana. Seis profesores de biología de la Universidad de Costa Rica se pronunciaron en contra de
forma escrita ante la Sala. Más de 20 médicos de distintas especialidades presentaron documentos en
contra de la FIVET.
Séptimo. Dice el editorial de La Nación que entonces
la fecundación queda a la libre, como antes del Decreto y que cualquiera la puede realizar sin pena
alguna. Esto no es cierto y demuestra deficiencia jurídica. Desde este momento cualquier persona que
realice fecundación in vitro será acusada de un delito de aborto por cada niño que sacrifique con esta
técnica.
Entonces nos preguntamos: ¿será que los jueces de la
Sala Constitucional, la CCSS, la Procuraduría General de la República, los profesores de biología de la UCR,
distintos médicos de reconocida trayectoria en el país y el mismo Papa Juan Pablo II están todos equivocados?
Me parece que queda claro que en este caso prevaleció el respeto innato del costarricense por la vida y los
derechos humanos, dejando de lado corrientes que pretenden imponer mediante trucos sentimentales y
falsos derechos individualistas la llamada "cultura de la muerte"
Felicito una ves más a los señores magistrados de la
Sala Constitucional por haber tenido la valentía de pronunciar este voto que nos coloca de nuevo al frente
del mundo como protectores de los derechos humanos, sobre todo los de los más necesitados y débiles. |