Usted esta en: Artículos y Reportajes > Política > Un nuevo camino para Costa Rica

Teletón

Visite a nuestros patrocinadores!

 

Un nuevo camino para Costa Rica

 

Antonio Alvarez Desanti
alvarezd@racsa.co.cr

 

     Todos sabemos que el mundo ha cambiado mucho en los últimos años, y que cada vez cambia más rápidamente. Cada vez con más frecuencia oímos decir que tenemos que adaptarnos a estos cambios y que debemos prepararnos para ellos. Esto lo escuchamos decir por todas partes. Lo que no escuchamos decir con seriedad y transparencia es cómo se hace para enfrentar ventajosamente esos nuevos retos y construir así un camino nuevo y seguro para cada uno, para nuestras familias y para Costa Rica.

     La situación nos ha traído a veces incertidumbre, preocupación y hasta la angustia. También nos ha traído desacuerdos y conflictos. Hay confusión, descontento y malestar con la política y con los políticos. Ante todo ello podemos actuar de dos maneras. Una es la forma negativa de aferrarnos inútilmente al pasado, dejar que la inseguridad nos paralice, evadir los problemas y desinteresarse de los asuntos públicos. Esas formas de actuar son negativas y nos impiden enfrentar los problemas y movernos hacia la solución.

     La otra, es la forma positiva: reconocer tanto nuestros problemas como nuestras virtudes y nuestro potencial, y hacer lo necesario para aprovechar las nuevas oportunidades de desarrollo que se abren para nuestras familias y para el país. Costa Rica no es un país cualquiera. Les propongo que canalicemos juntos el descontento y la inseguridad en forma positiva. Encontremos las oportunidades que nos abren los cambios y los conflictos. Encontremos juntos un nuevo camino para Costa Rica y hagámoslo realidad.

     Para dar pasos firmes en esta dirección, he ofrecido una propuesta para la discusión. Es una propuesta que debe ser discutida, criticada y enriquecida. Esta propuesta es fruto de muchos años de reflexión y esfuerzo por el desarrollo de nuestro país. Es fruto de una amplia discusión con muchas personas con las que comparto el afán de construir una Costa Rica cada vez más desarrollada, más democrática y más solidaria.

  1. Algunas lecciones de nuestra historia:

  1. Prudencia, coraje y decisión

     Nuestra historia nos puede enseñar mucho sobre qué podemos hacer y cómo hacerlo, y es sobre esa historia - y no sobre sus ruinas, como algunos pretenden - que vamos a construir nuestro futuro común.

     Entre las lecciones importantes de rescatar están la prudencia, el coraje y la decisión con que nuestros antepasados actuaron en diversos momentos de cambio. No se dejaron llevar por las grandes modas del momento, y analizaron y discutieron con cuidado las alternativas que tenían frente a ellos. Pero así como actuaron con prudencia, también lo hicieron con decisión y energía. Algunos resultados lo demuestran: Costa Rica logró pasar de ser la colonia más pobre y aislada de Centroamérica a ser el país más próspero de la región antes de que finalizara el siglo XIX. Esto no fue obra de la casualidad, sino el resultado del coraje y la decisión con que se buscaron oportunidades ante los cambios del momento. Fue también con coraje y decisión que, contrariando las modas imperantes, Costa Rica eliminó su ejército a mediados del siglo XX y abrió así la oportunidad de ampliar su inversión social y de fortalecer su democracia. Hoy, de nuevo, necesitamos coraje y decisión para aprovechar las oportunidades y enfrentar con éxito los retos que se nos abren con el nuevo siglo.

  1. El crecimiento con bienestar: educación, salud, ambiente

     Desde la época en que nuestros únicos productos de exportación eran el café y el banano, nuestro desarrollo se diferenció del de muchos países por la búsqueda de canales que promovieran y garantizaran la igualdad de oportunidades. No nos ha bastado el crecimiento, hemos querido siempre que el crecimiento sea en beneficio del mayor número. Tres áreas fundamentales en las cuales hemos actuado son la educación, la salud y el ambiente.

     En el campo de la educación, la búsqueda de la igualdad de oportunidades se inició en el siglo XIX, con la decisión de hacer la educación primaria gratuita y obligatoria. Más adelante, fuimos uno de los primeros países en hacer realidad ese precepto constitucional. La cobertura creciente de la educación pública se acompañó, por mucho tiempo, por un esfuerzo notable por garantizar también su calidad.

     A partir de los años cuarentas y cincuentas, y ante los grandes cambios mundiales y en medio de enormes conflictos internos, se lograron más avances en la educación, que fueron además acompañados por profundas transformaciones en el campo de la salud, la seguridad social, y los derechos de los trabajadores. En los años setenta, tanto la educación como la salud y la seguridad social vivieron un notable proceso de expansión y universalización, de manera que llegaron también a cubrir a las poblaciones más pobres del campo y la ciudad.

     Otro elemento central en nuestro desarrollo fue la incorporación de la sostenibilidad ambiental. A partir de los años setentas, se crearon las primeras áreas protegidas y parques nacionales. Hoy nuestro programa ambiental es mucho más amplio e incluye planes novedosos como la venta de oxigeno y el desarrollo de la energía eólica. Además, es claro que los resultados han probado tener un enorme impacto en el rico potencial turístico de nuestro país y en los numerosos empleos y bienestar que este genera.

  1. El desarrollo de buenas instituciones 

     El desarrollo logrado por Costa Rica ha sido el resultado de combinar el dinamismo de una economía de mercado con el desarrollo de buenas instituciones públicas que promueven no sólo el crecimiento, sino el bienestar de las mayorías. Hoy es claro que esta es la clave del desarrollo. Ahí estuvo la gran visión de muchos de nuestros antepasados: crear un contrato social estable e instituciones y normas de convivencia, que pusieran a la gente como el objetivo fundamental del desarrollo.

  1. El nuevo camino: una sociedad educada y productiva

  1. Una larga y angustiante crisis

     Los costarricenses hemos vivido una larga y angustiante etapa durante los últimos veinte años. A fines de los años setenta atravesamos una de las peores crisis de nuestra historia: se duplicó la pobreza, se triplicó el desempleo, los precios subían más del doble cada año, el Estado y sus instituciones se vieron desfinanciados y abrumados por la urgencia y gravedad de los problemas. Fueron años aciagos, y si bien los años ochenta y noventa nos permitieron frenar y revertir los principales estragos de esta crisis, nunca logramos recuperar la tranquilidad y la seguridad de décadas pasadas. La angustia de la crisis pareció quedarse con nosotros.

     Hoy por hoy, aunque los costarricenses seguimos reconociendo las muchas ventajas que tiene nuestro país, y que son fruto de una larga historia que permitió construir un camino original para el desarrollo costarricense, la verdad es que nos sentimos inseguros. Sabemos que nuestro potencial es muy grande. Sabemos que tenemos condiciones para aspirar a otro largo período de crecimiento con bienestar. Pero sentimos también el peligro de que esto no sea así, de que el futuro no sea un futuro mejor para todos, de que los cambios y el crecimiento sólo traigan bienestar para algunos pocos. Y por eso mismo, sentimos angustia y temor de no ser capaces de cumplir, como nuestros antepasados, con el reto construir el nuevo camino costarricense. Esto es entendible, pero no podemos darnos el lujo de que la incertidumbre nos doblegue y nos paralice.

  1. Una vez más, necesitamos prudencia, coraje y decisión

     Propongo que actuemos, como otras veces en nuestra historia, con prudencia, sí, pero también con coraje, energía y decisión. No tiene sentido que tiremos por la borda lo que con tanto esfuerzo los costarricenses hemos construido a través de muchas generaciones, pero tampoco tiene sentido que, confiados o resignados, nos crucemos de brazos y renunciemos a construir nuestro propio futuro. Un futuro que no se limita a repetir el pasado, pero que se nutre de él y se construye sobre sus bases.

     Conservemos, por tanto, la búsqueda de la igualdad de oportunidades y de la sostenibilidad ambiental como grandes objetivos nacionales que complementen y den sentido a la búsqueda del crecimiento económico y material. Fortalezcamos esa capacidad tan tica de ponernos de acuerdo en cómo queremos vivir juntos, esa capacidad de construir y reconstruir los acuerdos necesarios para la convivencia democrática. Revisemos y revitalicemos nuestras instituciones y las normas que nos rigen, para que sigan promoviendo el desarrollo y, sobre todo, para que sigan garantizando el derecho de todos y cada uno y una de los costarricenses, a participar de los beneficios de ese desarrollo. Construyamos, en fin, nuestro propio camino a la luz de los nuevos retos, pero sin dejarnos llevar ciegamente por las influencias que vienen de afuera.

  1. La mayor riqueza que tenemos: nuestra gente

     Hoy está más claro que nunca que nuestra mayor riqueza es la inversión que hemos hecho en el bienestar de nuestra gente. Y el camino que construyamos debe permitirnos conservar y desarrollar aún más esta riqueza. Este es el norte que propongo: que evaluemos las opciones de desarrollo del país en tanto abran o cierren las oportunidades de bienestar para la mayoría de los costarricenses.

     En cuanto a los cambios que nuestro país enfrenta, lo más relevante es que la nueva revolución científico-tecnológica, centrada en estos momentos en el campo de las tecnologías de la información, pero expandiéndose rápidamente a áreas como las biológicas, ha puesto el conocimiento en un primerísimo plano en la economía mundial. Por ello, es cada vez más evidente que la inversión en más y mejor educación, en una educación permanente, relevante y de alta calidad para todos, constituye la inversión más importante que podemos hacer para garantizar tanto la capacidad productiva de los costarricenses, como su posibilidad real de disfrutar de una mejor calidad de vida. Y por eso mismo son fundamentales también los esfuerzos y la inversión dirigidos a mejorar la salud y el estado de vida de toda la población, así como en garantizarle a los costarricenses no sólo el derecho a la vivienda, sino el derecho a un entorno de vida agradable y seguro. Finalmente, para que esas mejores condiciones de vida sean sostenibles y financiables en el tiempo, es indispensable que desarrollemos las condiciones necesarias para que ese mayor capital humano sea, efectivamente, la base de una creciente productividad de la economía costarricense.

  1. El camino al que aspiramos

     El nuevo camino costarricense debe asegurar el crecimiento con bienestar para la mayoría de los costarricenses. Ese nuevo camino se nutre de una relación de interdependencia entre lo económico, lo social y lo político. Aspiro a que se produzca un círculo virtuoso mediante: 

  • La construcción de una economía que, para ser altamente productiva y dinámica, necesita de un elevado desarrollo social que le brinde un recurso humano sofisticado y capaz de incorporarse exitosamente a la nueva economía;

  • La construcción de una sociedad fuertemente integrada, equitativa y solidaria que, para dar sustento real al bienestar de sus habitantes, depende precisamente de la elevada capacidad productiva de la economía; 

  • El desarrollo de una vida política genuinamente democrática - a través de sus mecanismos de participación y rendición de cuentas así como de la calidad de sus instituciones- para promover y reproducir este enriquecimiento mutuo de la vida económica y social.

  1. Algunos elementos programáticos de nuestra agenda

     El objetivo principal de esta propuesta es promover la discusión política - en el mejor sentido del término - y la búsqueda de soluciones nuevas a los problemas que más nos angustian y que constituyen los principales cuellos de botella para enfrentar con éxito los retos del momento histórico. Por ello solo esbozaré brevemente algunas ideas sobre tres grandes campos sobre los cuales debemos actuar para avanzar en el difícil pero posible camino del desarrollo.

  1. Una educación relevante y de calidad para todos

     Los costarricenses no podemos aspirar a beneficiarnos de las oportunidades que se abren con los cambios a que hoy nos enfrentamos, si una gran parte de nuestros niños, niñas y jóvenes no tienen acceso a una educación de primera calidad, a una educación relevante, a una educación permanente. Como vimos, Costa Rica ha sabido colocar la educación en el centro de su estrategia de desarrollo en momentos cruciales de su historia. Hoy, es necesario volver a poner la educación en el primer lugar de nuestra agenda política, de nuestra agenda social y de nuestra agenda económica. La educación es la llave que abre la puerta de las oportunidades en un plano de igualdad y el fortalecimiento de la educación y de la capacitación técnica nos permitirá tener acceso a mayores opciones de trabajo y a mejores salarios. Pero solo un compromiso firme y genuino hará posible que avancemos hacia el objetivo de lograr que la educación costarricense sea igual o mejor que la de los países desarrollados y solo con una fuerte voluntad política haremos que la educación pública llegue a ser igual o mejor que la educación privada.

Para ello, considero prioritario:

  • Mantener más jóvenes en la educación secundaria a través de un programa de retención con becas y otros tipos de ayuda, así como un fortalecimiento del plan de estudios para que desarrolle mejores destrezas para el mercado laboral;

  • Descentralizar la administración de los presupuestos de las escuelas, trasladando esas funciones a las Juntas de Educación y a las Juntas Administrativas que conocen mejor las necesidades de cada centro educativo y permitiendo que los padres de familia tengan una participación más activa en las decisiones que afectan la educación de sus hijos. De esta manera las Juntas podrán disponer las prioridades presupuestarias y será más fácil que las escuelas lleguen a contar con la infraestructura adecuada;

  • Ampliar la cobertura de los programas de informática educativa y de inglés;

  • Revisar y extender los programas para el fortalecimiento de los valores de los costarricenses y la formación cívica y cultural;

  • Desarrollar programas que promuevan la equidad de género;

  • Si queremos una educación de primera necesitamos a los mejores educadores, hoy muchos de nosotros estamos donde estamos y hemos alcanzado muchas de nuestras metas gracias a nuestros maestros y maestras. Por ello debemos mejorar las condiciones laborales de los educadores y asegurar que encuentren estímulos apropiados para su formación y capacitación continua;

  • Fortalecer los programas de formación profesional y técnica en los sectores y campos con mayores oportunidades de éxito;

  • Fortalecer los vínculos del sistema educativo y el sistema productivo para que los centros de enseñanza se conviertan en herramientas para el desarrollo de nuevos productos y procesos, para la reconversión productiva, y para el mejoramiento de la productividad y la competitividad;

  • Ampliar el acceso de los jóvenes a la educación superior y técnica a través del fortalecimiento del Instituto Nacional de Aprendizaje, así como de un programa de créditos para estudiantes universitarios según la condición socioeconómica de la familia, así como capacidad y empeño del estudiante.

  1. El apoyo que requiere la producción nacional

     La estructura productiva nacional muestra un importante déficit en términos de productividad, incluyendo problemas en la calidad de los productos, en la eficiencia productiva, en el máximo aprovechamiento de los recursos humanos disponibles, en la capacidad de diseño y diferenciación de productos, etc. Es necesario estructurar programas de apoyo que permitan al sector privado enfrentar con éxito estos - y otros - problemas, de manera que puedan ser empresas exitosas, competitivas y rentables, al tiempo que sean empresas capaces de aportar al desarrollo nacional tanto mediante la remuneración de los factores productivos locales, en especial del trabajo y los recursos naturales, como mediante sus externalidades y su contribución fiscal.

     En particular, es necesario desarrollar mecanismos audaces y novedosos que apoyen la transformación de la pequeña y mediana empresa - importante fuente de empleos y pieza clave para la democracia económica- para que esta pueda enfrentar con éxito los riesgos y aprovechar las importantes oportunidades de la nueva economía. 

Por ello es prioritario:

  • Desarrollar mecanismos para que las pequeñas y medianas empresas tengan acceso al adecuado financiamiento y para facilitarles la distribución y mercadeo de sus productos, en especial en los mercados externos;

  • Desarrollar parques industriales para la pequeña y mediana industria;

  • Fortalecer los programas de capacitación y formación laboral;

  • Transformar los esquemas de incentivos en programas de promoción de la productividad y la calidad;

  • Promover la competencia y desarrollo de mercados;

  • Desarrollar instrumentos de acceso a la información productiva y comercial.

  • Facilitar el paso de la economía informal a la formalidad para que de esa forma se facilite todo programa de apoyo estatal.

  1. Instituciones públicas al servicio de la gente

     Las instituciones públicas deben tener una clara orientación al usuario y una cultura sistemática de rendimiento de cuentas. Nuestras instituciones deben ser más ágiles, más transparentes y más útiles. La ciudadanía debe contar con adecuados mecanismos de vigilancia para garantizar el adecuado cumplimiento de sus derechos. Para ello es necesario volver a retomar la preocupación por el desarrollo institucional que ha mostrado en nuestra historia su importancia para la calidad de la democracia y la capacidad de crecimiento económico. 

Debemos aspirar a desarrollar: 

  • Servicios públicos más eficientes y de mejor calidad, entendidos estos como un derecho al que deben tener acceso todos los costarricenses;

  • Mecanismos efectivos de participación ciudadana y de rendición de cuentas, que garanticen que el Estado estará al servicio de la gente;

  • Un marco institucional que promueva la solidaridad y la igualdad de oportunidades.

     Adicionalmente, estas instituciones deben proporcionar el contexto apropiado para el desarrollo de una economía de mercado moderna, competitiva y dinámica, condición fundamental para el crecimiento económico. El falso dilema entre Estado y mercado ha ido quedando atrás conforme se ha hecho evidente que:

  • La economía de mercado es la mejor base para el crecimiento económico al promover la iniciativa individual y empresarial;

  • La economía de mercado rinde sus mejores frutos en aquellas sociedades con instituciones bien desarrolladas, que proporcionan un contexto apropiado para el crecimiento económico;

  • La economía de mercado no es una panacea capaz de resolver por sí sola todos los problemas de asignación y distribución de los recursos de una sociedad y que es necesario contar con esquemas institucionales que promuevan y estimulen la solidaridad y la equidad, indispensables para la integración social.

     Para mejorar las condiciones que proporciona el sector público para el crecimiento económico se deben replantear las siguientes tareas:

  • El desarrollo de una capacidad de regulación efectiva, que garantice que las instituciones públicas cumplan debidamente su labor en campos tan fundamentales como la protección de la salud y el ambiente; la seguridad pública; el sector financiero; la defensa del consumidor contra los abusos y las prácticas monopolísticas; etc.

  • La eliminación de los trámites, permisos y requisitos innecesarios, que incrementan los costos de producir en Costa Rica, afectan negativamente la competitividad de nuestras empresas y se han convertido en una pesadilla para los usuarios de los servicios públicos;

  • El desarrollo de una cultura institucional que rechace la corrupción y que cuente con los mecanismos y un severo régimen sancionatorio que la combata y desincentive;

  • El desarrollo de la infraestructura;

  • La promoción de la ciencia y tecnología

Conclusión

     Durante muchos años hemos escuchado decir que nuestro país está en crisis o si no, que si no hacemos esto o aquello, entrará en una crisis. Otros sostienen que debemos aislarnos de la realidad y volver al pasado. Es hora de que los costarricenses dejemos de oír mensajes negativos, que solo destruyen o paralizan. Los costarricenses queremos construir sobre la base de lo que hicimos antes, para seguir avanzando. Basta ya de propuestas negativas. Les propongo construir la Costa Rica del futuro; aprovechemos las nuevas oportunidades que nos abre el presente para transformar nuestro país en beneficio de cada uno, de nuestras familias y del país. Por eso llegó la hora de actuar con valentía y liderazgo para que en Costa Rica logremos que las cosas se hagan.

 
                                                                  
  
   Presione el logo de Tiquicia o Enter para Buscar

[ Tiquicia.COM ] [ Sobre Tiquicia ] [ Comentarios ] [ Agregue su página ] [ Anuncios ]

Info@tiquicia.co.cr
®1999-2009 Tiquicia.COM S.A.
Derechos Reservados

Tiquicia.COM, S.A.

 

Tiquicia.COM, S.A. es mejor vista usando Microsoft Internet Explorer