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ÉTICA EN EL PODER LEGISLATIVO

Por: Ottón Solís

C.-IMPORTANCIA DEL PODER LEGISLATIVO Y LOS LEGISLADORES

     Al observar algunas prácticas comunes a nuestros diputados pareciera que algunos de ellos no tienen comprensión sobre el importante papel del parlamento y de sus miembros. Por ejemplo, si destinan tiempo a gestionar y negociar beneficios pecuniarios y prebendas como viajes, uso de vehículos propiedad del estado, debe ser porque consideran que esos son objetivos importantes. Si se percataran del honor que acarrea poder influir en el devenir de la Patria por medio de las diversas responsabilidades que tiene el parlamento, probablemente restarían toda importancia a beneficios como los mencionados antes.

     No intentamos en este apartado reproducir la extensa literatura sobre la importancia del parlamento dentro de las instituciones de la democracia . Sino más bien recordar algunos conceptos elementales sobre la importancia de las funciones del diputado.

     La principal retribución del sacerdote en su función sacerdotal es salvar almas, la del empresario en su función empresarial es ganar dinero, la del empleado en su función laboral es recibir un salario, la del torero en su función de toreo es burlar al toro, la del arquero en el fútbol es evitar goles. En lo que se refiere al diputado su principal retribución es contribuir a que con su trabajo y sus ideas la Patria se encamine por el rumbo que le parece más apropiado. ¿Cuánto más elevada es esa retribución que un viaje o un buen salario?.

     Por otra parte, si se comprende las consecuencias de la legislación, en la vidas y haciendas de toda una población o en las posibilidades de desarrollo futuro del país, no se dedicaría tan poco tiempo al estudio y mejoramiento de expedientes.

     Los diputados en nuestros países y en todo el mundo disponen de una serie de prerrogativas especiales que amplían sus derechos por sobre los del resto de la ciudadanía. Nos referimos por ejemplo, al fuero de la inmunidad y al de la inamovilidad por el período para el que fueron electos. Pero estos derechos no pueden ser comparados a los derechos del ciudadano los cuales son fines en sí mismos. Permiten, por ejemplo, más libertad al individuo. Los derechos adicionales de que dispone el diputado, no son otorgados como fines sino como medios para el cumplimiento de sus funciones. En este sentido, esos derechos adicionales deben estar al servicio exclusivo del cumplimiento de las funciones legislativas. Utilizarlos para otros fines es ignorar que están estrechamente ligados a responsabilidades específicas que únicamente el Poder Legislativo puede cumplir.

     Las responsabilidades especiales del legislador tienen elementos en común con otro tipo de funcionarios políticos. Igual que un presidente, un ministro y otros funcionarios públicos, todas las herramientas que utiliza para desempeñar su función son propiedad de la Patria. De ese modo, cuidarlas no le deriva beneficios personales sino que es una obligación que surge naturalmente y producto de su amor por ella. En segundo lugar, la magnitud de su responsabilidad también es superior ya que las decisiones que tome, incluyendo la eficiencia, la celeridad y por supuesto la calidad de las mismas, afectan a otros. En este sentido, en la privacidad y el silencio de algunas de esas decisiones se construye el destino de las naciones y por lo general son necesarias largas jornadas de trabajo a pesar de no percibir beneficios personales materiales de las mismas. La responsabilidad es mayor si se toma en cuenta que el impacto temporal de esas decisiones contempla el futuro.
Otras posiciones de mando, como la del empresario privado, difieren porque utiliza herramientas que le son propias y las decisiones afectan sus ganancias particulares, de tal manera que su empeño y dedicación se originan en su propio interés. El buen legislador, cuando se trata de la Patria, debe ser una persona inherentemente desprendida y en su naturaleza está servirle. Trabajar y pensar para otros y cuidar lo de otros le convierten en un activo social superior.

     Por esto el que atribuya gran importancia a la acumulación de riqueza propia o al nivel de vida material de su familia, no tiene vocación para el servicio público y debe dedicarse a actividades privadas. Así mismo el que sólo mira la política como un asunto de reputación y no se percata de la enorme responsabilidad que significa utilizar bienes ajenos y pensar y decidir sobre aspectos que afectan el resto de la sociedad, debe también mantenerse en la actividad privada.

     La sociedad necesita también de empresarios y de otros dirigentes en campos como el intelectual, el religioso y el laboral. Sólo con políticos, aunque todos fuesen perfectos, no se podría progresar. No obstante se hace necesario resaltar su nivel superior de responsabilidad y las enormes demandas éticas que recaen sobre aquellos que utilizan y toman decisiones sobre los recursos del resto de la sociedad y sobre temas que la afectan.
Por otra parte, el buen legislador debe, por vocación, analizar el todo y mirar sectores particulares en función de lo que más le conviene a su país. El líder laboral o empresarial tiene una visión parcial pues mira su país en función de los intereses de su gremio. Otros miembros de la sociedad, por ejemplo, intelectuales y periodistas, en ocasiones tienen una concepción sobre el todo, pero existe una diferencia fundamental con el legislador: no toman decisiones.
El diputado tiene potestades para decidir o influir en lo que se prohibe y lo que se autoriza, en el modelo de desarrollo y su manifestación legal, en la conveniencia y legalidad de la actividad presupuestaria del gobierno, en definir penas legales y proponer sanciones políticas. También le corresponde ratificar convenios internacionales y nombrar los jerarcas superiores de las instituciones que administran justicia y en algunos casos los directores de algunas instituciones públicas. Le toca velar por la calidad ética de la administración pública por medio del denominado control parlamentario. Bajo ciertos límites, puede modificar la constitución. Finalmente, el reglamento que norma la forma en que los diputados cumplen esa serie de funciones es diseñado por ellos mismos.
En la estructura mental del buen legislador debe predominar la Patria como objetivo, y automáticamente debe conceptualizar la totalidad de las relaciones entre grupos, sectores, instituciones y su evolución en el tiempo. El pasado y el futuro de su historia, el aquí y el allá de su geografía, los efectos directos e indirectos de las decisiones, los inmediatos y los de más largo alcance, estos y aquellos actores, las aspiraciones nacionales y las posibilidades internacionales, los sueños de la gente y los límites presupuestarios; todo se manifiesta en su mente al valorar una decisión. El buen legislador tendrá una concepción sobre lo que es mejor para su Patria y una posición particular sobre cada uno de los temas más importantes. El objeto fundamental de sus preocupaciones intelectuales y emocionales es su país, por lo que inevitablemente ha llegado a conclusiones sobre lo que más le conviene. 
El diputado tiene, entonces, la obligación de estudiar y actualizarse permanentemente, de ser consciente de su ignorancia y escuchar al especialista, pues sus errores dañan la razón de su existencia, la Patria, y causan males e impiden el progreso de muchos. Por esto los conceptos de responsabilidad y honor son inherentes a las funciones del diputado.
Quien no se percate de los deberes superiores, ni de la ética especial, asociados con la actividad política, no podrá desempeñar bien sus funciones en relación con los intereses de la Patria. 
Es común escuchar o leer frases donde la gente parece creer que el maniqueísmo y los abusos con la verdad, el desperdicio del tiempo legislativo, la violación de sus propias promesas y el derroche de los recursos públicos, por parte de los diputados, se deben a que éstos se creen muy importantes. Hemos querido argumentar en este apartado lo contrario: esas y otras lamentables transgresiones éticas en la cuales incurren numerosos legisladores de nuestra Región, obedecen más bien a que no comprenden la importancia del poder legislativo y la magnitud de las responsabilidades, así como el honor, asociados con el puesto.

  1. INTRODUCCION
  1. TRANSGRESIONES ETICAS

B-i El verdadero político será siempre bueno 
B-ii Lo moral y lo legal 
B-iii El buen legislador ama a la Patria 
B-iv La verdadera victoria del legislador 
B-v La verdad para el buen legislador es absoluta 
B-vi El buen legislador no usa el poder para alcanzar más poder 
B-vii Etica y disciplina de Partido 
B-viii Criterios de éxito 

  1. IMPORTANCIA DEL PODER LEGISLATIVO
    Y LOS LEGISLARORES
  1. ETICA LEGISLATIVA Y DESARROLLO

D-i Etica legislativa e inversión 
D-ii Etica legislativa y finanzas públicas 
D-iii Etica legislativa y gobernabilidad

  1. SOLUCIONES

E-i Código de Etica

REFLEXIÓN FINAL

NOTAS AL PIE

 
                                                                  
  
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