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La cita se había concertado, viernes 8 de junio ocho de la noche Teatro Nacional. Una tarde muy lluviosa típica de estos meses de invierno en Costa Rica, pero que a la vez deparó una noche espléndida donde muchos nos íbamos a encontrar con un viejo amigo que nos visitaba, ni más ni menos....Joan Manuel Serrat.
Ya el jueves había hecho su primera presentación en el país con muy buen suceso. Puntuales y más que puntuales, hora y media antes de que iniciara su presentación, llegamos al Teatro donde ya había fila para ingresar, caras conocidas, políticos, artistas, todos impacientes y emocionados, gente que como yo creció oyendo y amando su música y los hijos de muchos de ellos que han aprendido a quererlo y admirarlo producto de su constante presencia en sus hogares.
A las ocho y diez minutos el público impaciente empieza a aplaudir mostrándose ansioso, hasta que poco a poco las luces empiezan a disminuir y se ilumina el escenario donde se muestra un pueblo,... español? o latinoamericano? o quizá sea ese Pueblo Blanco que a todos nos parece tan cercano y en que sobresale el rótulo Restaurante Bar Tarrés.
Y empieza el encuentro, uno a uno salen los músicos y entre ellos él. De rígido negro, impecable, despertando los aplausos la ovación de un público que le es fiel y que siempre acude a la cita con este viejo amigo, porque eso es y así lo siente la gente. Es imposible no sentir que el corazón late más rápido o que la emoción se refleje en una lágrima que corre por nuestro rostro, señal inequívoca de esos instantes únicos que se dan en la vida.
Un amigo me decía que es la misma sensación que produce el encontrarse con un amigo al que se tiene tiempo de no ver y con el cual se recuerdan viejas anécdotas, un amigo que a veces es locuaz y en otras reservado, a veces de muy buen humor en otras no tanto, pero al fin y al cabo al que uno se alegra de ver nuevamente y por el cual se siente un entrañable cariño.
Y se inicia el espectáculo invitándonos a un viaje de ida y vuelta y diciéndonos que la gente cuando viaja se trae cajas de cerillos, toallas de los hoteles, ceniceros y hasta esas bolas con un edificio famoso del lugar que al darle vuelta cae nieve aunque sea un edificio de Cuba donde dice no cae nieve desde el plistoceno, y nos sigue diciendo que su maleta viene llena no de ese tipo de recuerdos sino de canciones y empieza el recorrido con Yo se de una mujer, En la vida todo es ir, Sabana hasta llegar a Tarrés donde hace una brillante explicación de la existencia del otro yo y una alusión a los políticos que a veces cuentan con un tercer yo, lo cual arrancó aplausos entre el público.
Brillante también, es la introducción que hace al tema mazurquica modérnica donde hace un juego de esdrújulas y señalándonos dice ustedes son esdrújulos, si esdrújulos, pues son público y son espléndidos.
El amor, amor motivó una reacción interesante en el público pues definitivamente el ballenato es un ritmo contagioso y es imposible sustraerse a él, las palmas y el coro de la gente no se hizo esperar.
En un momento dado, agradeció la presencia de un personaje cuya figura es muy conocida en el mundo, por sus cualidades y por el trabajo que realiza, el público pensó en el expresidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz Oscar Arias Sánchez quien se encontraba entre el público y siempre ha manifestado su admiración por Serrat, pero se refería a Joaquín Cortés quien se presentaría el día siguiente en el mismo escenario.
Alegre, ameno, ocurrente así se mostró Serrat. El concierto discurrió hasta llegar a lo que siempre pide el público, Pequeñas cosas y Cantares, ya había interpretado la canción que nunca olvida, la que siempre lleva consigo Lucía. Acompañado solo de una guitarra empezó a interpretar Pequeñas Cosas la cual parte del público empezó a cantar tímidamente y otros a callarlos pues uno va a escuchar a Serrat y es casi un irrespeto el no hacerlo, pero Serrat hizo una señal de seguir y todos terminamos cantándola completa al igual que Cantares donde se oía con más fuerza el estribillo de "golpe a golpe verso a verso". La ovación del público de pie a igual que el día anterior, hizo que saliera en dos ocasiones para regalarnos Canco de Bressol recordando a su madre quien le cantaba de niño parte de esta canción de cuna.
La última vez que se presentó Serrat en Costa Rica fue en febrero de 1998, con su disco Sombras de la China, disco a mi juicio muy superior a Cansiones, sin embargo este espectáculo es mil veces mejor. En Sombras de la China se veía, para mi gusto, muy formal, poco natural sin embargo en este otra vez hace algo que nos encanta, conversar con el público, improvisa, complace y se nota feliz de este encuentro. Es una lástima que Serrat no grabe y haga discos de los conciertos de sus giras porque las introducciones a sus canciones son tan ricas como sus propias canciones. Realmente es un espectáculo que merece verse y podríamos concluir compartiendo lo que gritó una voz femenina oculta entre la penumbra del Teatro... Serrat sos como el vino, para luego ir a dormir llenos de una felicidad que solo produce el encuentro con un entrañable amigo.
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