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Esta debió haber sido una película sobre la batalla entre los sexos, pero en realidad trata acerca de cómo estos se reconcilian. Jane Goodale, una ejecutiva de un programa de televisión en la ciudad de Nueva York, interpretada por la guapísima Ashley Judd, está determinada a conseguir una pareja que llene sus expectativas, cosa que le ha resultado bastante difícil debido a desilusiones amorosas del pasado. Aparece en escena un apuesto productor nuevo en el programa, interpretado por Greg Kinnear, que se interesa por Jane y, efectivamente, logra enamorarla y llenar su corazón de ilusiones.
Resulta que el apuesto ejecutivo a los pocos días abandona a Jane, dejándola para volver con su antigua novia; lo cual produce una tormenta emocional para ella. Enfadada y confundida, comienza a investigar temas sobre la naturaleza del hombre, entendiendo a este dentro de la acepción macho sapiens egoistus. Jane llega a la conclusión de que los hombres son seres incomprensibles que se aburren rápidamente de su pareja, cosa que les impulsa a buscar otras nuevas, utilizando así a cuanta mujer se les ocurra. Tanta es la obsesión de Jane sobre el tema que llega a publicar una columna de enorme éxito en un diario neoyorquino. Sin embargo la vida sigue su rumbo, como siempre lo hace, y Jane se enamora del típico macho seductor, descubriendo en él a una persona con sentimientos y un corazón verdad; y es que corazón tenemos todos y a todos nos lo han roto alguna vez.
La película cuenta con excelentes actuaciones, tanto los actores protagónicos, como los secundarios, dan vida a sus personajes en una forma digna de ser elogiada. También cuenta con un sentido del humor muy acertado que sin duda alguna le hará reír. A pesar de lo anterior, la virtud de Alguien como Tú es que desarrolla el tema de las relaciones entre hombre y mujer, haciendo hincapié en una supuesta naturaleza que, según los estereotipos, es propia a cada género; y llega a la conclusión de que no se trata de la naturaleza de género, sino de la naturaleza humana que escucha los dictados del corazón, de ese corazón que da razones sin razonar y que nos trae tristezas y grandes dichas.
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