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“Camino de Santiago” en clave del 2002
Víctor Valembois
valembois@tiquicia.com
Miércoles 20 de Febrero del 2002
o 20/02/2002 20:02
Este es un año especial, por lo menos por
el detalle que encierra el numerito en sí. Son pocas las etapas del
calendario que se pueden leer, al derecho y al revés, con el mismo
resultado: esta es una, igual que lo fue, hace rato ya, el 1991 y lo
será, a medias, el 2020 (casi, porque hay que leer por pares y solo
de izquierda a derecha). Pero para los optimistas nos queda el 2112,
a no ser que, más puro el ejemplo, nos aguantamos de una vez hasta
el 2222...
Pueblos y comunidades hay que le dan
especial importancia a ese tipo de repetición. Aparentemente, en
Oriente, algunos le tienen pánico al próximo 20 de febrero que, se
supone, aquí no causará revuelo. Es que el 20-02-2002 tiene ese
jueguito aludido tanto en el año como en el conjunto de la
codificación. Suponen que sería de mal agüero nacer ese día, por lo
que hasta profesionales muy serios serán capaces de inducir el parto
para el niño no nazca con tal estigma.
¡Pero celebremos este año “capicúa”! Y
entre enamorados, programemos algo para esa fecha “capicúa” de
febrero. Me señalan que la palabra es catalana (algo le veo,
etimológicamente como “de cabeza”) y se usa también en el juego de
dominó: “lance que consiste en cerrarle con una ficha de puntos
iguales a la del otro extremo”, señala mi Casares. Esas
supersticiones obedecen al fenómeno de ver en el mismo nombre (en
realidad totalmente arbitrario) un indicio de algo esencial: si esa
etiqueta se lee para todos lados, “deducen” los creídos, por algo
será... En realidad esa creencia remonta a interpretaciones, no tan
aisladas ni tan remotas, que postulan que el tiempo es circular.
Griegos clásicos, como Heráclito y Empedocles, que no tenían un pelo
de tontos, argumentaban que el tiempo era cíclico; basta leer “El
hablador” del contemporáneo Vargas Llosa, para toparse también con
una comunidad indígena que opina igual. En realidad, la postulación
clara de un tiempo lineal, progresivo, único, es relativamente
nueva, digamos renacentista. Lo cual no quita que muchos percibimos
que el hombre, como especie, si bien ahora anda mejor equipado
tecnológicamente por ejemplo, deep down como dicen los ingleses, en
realidad poco o nada ha evolucionado: sigue siendo el mismo iluso
consigo mismo y cruel con los demás, de Nerón hasta nuestra época.
Propongo un ejercicio de lectura, en clave
“capicúa”: leer, bajo esa idea de lo circular, uno de varios relatos
que Alejo Carpentier juntó en “Guerra del tiempo”, donde
precisamente, maestro en el arte verbal como es, logra jugar con ese
diosecillo “cronos” que nos fastidia tanto, que se supone avanza
inexorablemente, pero a veces surge la duda.... Se trata de “Camino
de Santiago”, precioso relato sobre una supuesta peregrinación a ese
histórico lugar santo en Galicia. Juan, el protagonista, es uno de
los tercios del Duque de Alba, en Flandes, allá en el siglo XVI.
Frente a la sospecha de estar contaminado por la peste (le llamamos
“sida” a otra calamidad terrorífica que vuelve hoy), este personaje
decide emprender el camino hacia el santo, por Francia y España.
Pero allá, porque la carne es débil y se deja embaucar por otro, no
tan casualmente de nombre Juan también, que viene de las Indias, se
convence y cambia de rumbo. Ahora para las Indias es la cosa, a
hacerse la América como le llaman. Pero le va mal, se enreda en
complicaciones de todo tipo, no le gusta la gente de allá ni la
comida, nada.
El famoso Juan, todo confundido, decide
finalmente volver a España, su tierra, en la cual, curiosamente, él,
que viene del Nuevo Mundo, se topa con alguien -ojo, de nombre Juan
también- que viene de Flandes y en el Camino para Santiago se deja
engatuzar... etc. Los que me reprochan de contar el cuento, en
realidad no perderán nada, al contrario, que lo disfruten. ¡Eso sí!,
leyendo con cuidadito, porque el lector en realidad, de repente, se
encuentra en el mismo torbellino, exactamente con frases y párrafos
ya vistos, confundido, a ver si mira para atrás o sigue adelante...
Insisto, lea usted mismo, porque como en todo buen arte, lo
importante no es el tema sino el cómo.... y en eso Carpentier tiene
maestría comprobada. Maravillosa, la tensión que provoca entre el
“allá” y el “acá”, como en todas las obras del gran cubano, pero
igual, esta vez entre el “entonces” y el “ahora”.
Desde luego, sin permiso del autor, le
podemos dar una interpretación a lo escrito como que la actual y tan
cacareada “globalización” es un plato servido ya, en todo caso con
varios elementos parecidos, durante esa época de “descubrimiento” de
América. Entonces también se comprobó por los hechos que la tierra
es redonda y que, en más de una cosa, “en todas partes cuecen
habas”. Ya lo proclamaban los romanos, en todas partes, siempre, un
hombre es un lobo para el otro.
Leer además este relato, fascinante en sí,
polisémico como pocos, en un año “capicúa” lo vuelve aun más
sugerente. ¿Será de verdad lineal el tiempo? ¿Avanzamos, Sancho?
(Perdón, Miguel, que me mareo, vueltas y vueltas, como que estamos
cabalgado en una rotonda...). A ver si salimos de ese cerco y la
especie humana de verdad se pone a progresar.
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