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En ese entreverado laberinto, ese juego de espejos, imposible de descifrar, Saramago nos lleva de la mano a vislumbrar esa pregunta viviente encarnada que somos.
Como una danza de mil velos, en medio de una sinfonía de ideas perfectamente revestidas en translúcidas palabras, Saramago nos habla de ese silencio que somos cada uno de nosotros, de ese silencio contenido en lo más
profundo, y, desde ese lugar remoto, traduce y desvela suavemente, poéticamente, el misterio que engendra la vida, invitándonos a descubrir así, la verdad que guardamos en nuestra propia e ignota caverna...
Detrás de cada velo descubrimos una historia que a su vez se entreteje y confunde sutilmente con los delgados hilos de las demás historias. En los diálogos cotidianos surgen los mensajes más profundos, los cuestionamientos filosóficos por excelencia, en la sencillez aparente de la existencia yacen las complicaciones obcecadas de la mente, los tortuosos caminos de la razón confundida en sus propios callejones sin salida... "Realmente las personas somos muy complicadas, pero si fuéramos simples no seríamos personas" (p.302)
Saramago apunta la flecha directo al corazón de sus lectores, sus simbolismos son tan ricos que los niveles de lectura se multiplican exponencialmente. Los temas que aborda son inagotables, uno podría regodearse analizando cada uno de sus personajes (incluyendo el increíble perro), las relaciones entre sí, sus miedos, sus sueños, sus deseos y sus quebrantos, todos unidos en una misma madeja...
La alfarería de Cipriano Algor devorada por la inmensidad del Centro Comercial, la tradición engullida por la modernidad, el barro desbancado por el plástico, el hombre aniquilado por el hombre. Cómo nadar en el océano de la tecnología que parece olvidar las raíces de este hombre que sigue siendo de barro, de un barro aún inacabado, que necesita moldearse con los días, secarse, cocinarse en el fuego de la vida, colorearse hasta encontrar un poco de sentido y al fin quebrarse para convertirse nuevamente en polvo...
Hace más de dos mil años que Platón inventó ese mito de la caverna, en que los hombres sólo veían sombras, sus cuerpos encadenados estaban condenados a vivir en la oscuridad, sólo el conocimiento y la sabiduría serían los guías para romper las ataduras y así poder asomarse a la luz de la verdad... Hoy pareciera que aún seguimos encadenados y, paradójicamente, somos nosotros mismos quienes creamos nuestras propias cavernas y las llenamos de las sombras que proyectan nuestras vanas ilusiones. Nos buscamos en los reflejos falaces de los aparadores, y creemos que entre más bienes materiales acumulemos más cerca estaremos de nuestra imagen utópica de la felicidad. Pero ésta no puede venir de fuera, no puede adquirirse en los almacenes, porque simplemente está ahí, en el lugar más olvidado, en el recoveco más lejano de nuestro corazón...
Este libro es una invitación a recuperarnos, a moldearnos nuevamente como ese barro del que provenimos. Saramago va aún más lejos que Platón pues nos propone que, más que la sabiduría, el Amor es la fuerza que puede liberarnos de esas cadenas y darnos las alas para emprender la incansable búsqueda de nuestro perdido y anhelado camino...
La autora de la brillante crítica que usted ha leído se llama Marcela Talavera. Nació en México el 21 de agosto de 1964 y cursó sus estudios primarios, secundarios y de preparatoria en el Colegio Oxford de la ciudad de México. Posteriormente realizó estudios de francés y cultura francesa en Lausana, Suiza y en 1996 obtuvo su licenciatura en filosofía por la Universidad Iberoamericana. Actualmente pertenece a un círculo de lectura donde se comentan los distintos libros que leen sus miembros, y realiza estudios en filosofía y religiones. |
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